El futuro de la comida II

Revolución Verde

El Futuro de la comida II es la segunda parte del del interesante documental que veíamos hace unos días, El futuro de la comida I. En este documental podíamos conocer algunos de los cambios más significativos que se han producido en la agricultura, la industrialización, el uso de nuevos productos químicos, la desaparición de miles de variedades alimentarias agrícolas debido a la industrialización, el inicio de las patentes de alimentos o los primeros pasos en el campo de la investigación sobre la modificación genética. Concluíamos la primera parte del post con un comunicado de 1998 realizado por Monsansto, “Monsanto no debería tener que avalar la seguridad de los alimentos biotecnológicos, lo que nos interesa es vender el máximo posible. Garantizar la seguridad es trabajo de la FDA (Food and Drug Administration, Administración de Alimentos y Fármacos de Estados Unidos)”.

Seguimos comentando el documental El Futuro de la comida podemos saber que algunos de los problemas asociados a la biotecnología y concretamente con los productos transgénicos desarrollados por la empresa Monsanto. En el documental conocemos que Japón es un país preocupado por los efectos que puedan provocar en la salud los alimentos transgénicos, para ello nada mejor que estudiar a una población que ya disfruta de este tipo de productos en su alimentación, los niños norteamericanos. La falta de estudios a largo plazo provocó que Japón manifestara la intención de estudiar y observar a los niños de Estados Unidos durante un periodo de 10 años para conocer los posibles efectos que pueden provocar los transgénicos en la salud.

Se plantea una pregunta interesante, ¿cómo se consiguió que el Gobierno estadounidense aprobara los nuevos alimentos biotecnológicos?, resulta curioso saber que se recomendaba que no existiera ningún tipo de regulación sobre los alimentos transgénicos, así lo recomendaba el Consejo de Competitividad estadounidense con estas palabras, “Garantizamos que los alimentos biotecnológicos reciban la misma supervisión que otros productos, en lugar de ser obstaculizados por regulaciones innecesarias.

Estas declaraciones molestaron a los investigadores de la FDA (Food and Drug Administration) sobre todo porque creían que era necesario estudiar los alimentos transgénicos ante la posibilidad de que provocaran problemas de salud. La respuesta fue ‘no’, era más importante ser los primeros en comercializar los nuevos productos alimentarios en todo el mundo, por cuestiones bastante obvias, el beneficio económico.

En el documental se muestran algunas de las claves que han permitido a los alimentos transgénicos saltarse numerosas barreras que hubieran entorpecido su comercialización. Ejemplos que se citan en el documental, quienes trabajaban en la Agencia Reguladora de Estados Unidos trabajaban también en la compañía Monsanto, un ejemplo descarado sería Linda Fisher, vicepresidenta ejecutiva de la corporación Monsanto y además, subdirectora de la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos), por ética, esta situación no debería haber sido permitida. Ejemplos de personas que trabajan en el Gobierno, en el cumplimiento de las leyes, investigadores, congresistas, fiscales, la lista es interminable. El cultivo de los alimentos transgénicos se ha extendido significativamente en pocos años, algo lógico teniendo en cuenta algunos de los puntos indicados.

En el documental nos muestran algunos ejemplos de la contaminación genética y el temor suscitado entre los campesinos mexicanos al creer que Monsanto actuaría del mismo modo que actuó en Canadá con la colza transgénica, reclamando su propiedad al ser una patente alimentaria y exigiendo el pago oportuno. El maíz transgénico se sembró en México sin que los agricultores supieran que era una planta modificada genéticamente, la falta de información en el etiquetado fue una de las causas, el resultado ha sido el peligro de la diversidad genética del trigo mexicano.

La diversidad alimentaria ha sido mermada por la industrialización y ahora, otra amenaza se cierne sobre los pocos productos tradicionales que se emplean en la alimentación mundial, los transgénicos. Recordemos el post Comisión de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura para conocer con cuántas variedades de alimentos se nutre la población mundial. Poco a poco se ha ido incrementando la oposición a los transgénicos en todo el mundo, naturalmente al tener mayor información y conocimiento, aunque como podemos comprobar en la actualidad, de poco ha servido, incluso hemos conocido un reciente plan secreto europeo para potenciar el cultivo de transgénicos.

Durante varios años se ha hecho hincapié en los beneficios que los agricultores obtienen si cultivan alimentos transgénicos, sobre todo beneficios económicos. Pero la realidad es distinta, ya lo decíamos en el post Los alimentos transgénicos no son tan productivos. En el documental se muestra quienes son verdaderamente los grandes beneficiarios del cultivo de transgénicos, y no son precisamente los agricultores, entonces ¿por qué se mantienen este tipo de cultivos?

Como hemos dicho en algunas ocasiones, la biotecnología es progreso y será una herramienta decisiva que permitirá sortear los problemas a los que se enfrenta la humanidad como consecuencia del cambio climático. Desgraciadamente esta herramienta en manos de empresas como Monsanto, son un problema y no una solución.

Por cierto, destacamos y denunciamos cómo se veta a aquellos científicos que pretenden descubrir los efectos de los transgénicos en el organismo, incluso se cesa a los investigadores de sus tareas si las conclusiones no favorecen a los alimentos transgénicos. Plantear preguntas como, ¿se deteriora el sistema inmunológico ante la ingesta de estos alimentos?, ¿se modifican los patrones de crecimiento? Algunas investigaciones así lo aseguran, pero desgraciadamente han sido desacreditadas y ya hemos podido conocer los hilos que mueve Monsanto y cuánto abarca su poder.

Una pregunta muy interesante planteada en el documental es: ¿Qué nos aportan los alimentos transgénicos a los seres humanos?, ¿el trigo o la soja transgénica nos ofrecen más nutrientes?, ¿nos protege de las enfermedades?, ¿nos resulta mucho más barato?, nada de eso, sin embargo, para convencer a los consumidores las empresas biotecnológicas plantean que los alimentos transgénicos son la solución para alimentar a la población del futuro, algo que no se ciñe a la realidad, ya que son las causas económicas las que han sumido en el hambre a 800 millones de personas, no la falta de alimentos.

La modificación genética se amplía y se extiende, y no sólo se encuentra sujeta a los cultivos agrícolas, también empieza a hacer acto de presencia en los productos marinos. Se espera la aprobación de 15 tipos distintos de pescado transgénico.

Recordemos que en el mes de septiembre conocíamos que se había iniciado en Estados Unidos la regulación de animales modificados genéticamente para la alimentación humana y ya se había publicado un documento inicial en el que se contemplan los pasos y procedimientos que deben seguirse para determinar las pautas de actuación en los alimentos transgénicos para que no puedan representar un riesgo para las personas, los animales o el medioambiente. La FDA adopta una actitud a favor de los animales modificados genéticamente, pero intenta ofrecer una imagen de compromiso y respeto con las personas y el planeta, algo poco creíble si nos remitimos a la información que proporciona el documental.

La modificación genética en los animales es tan peligrosa como en el campo de la agricultura, todo es susceptible a ser modificado genéticamente, el futuro de la comida se perfila verdaderamente incierto ante tal intromisión biotecnológica.

Cambiando de tercio, en el documental podemos conocer que se puede disfrutar de una gran variedad alimenticia tradicional sin necesidad de recurrir a la biotecnología o a los alimentos provenientes de la globalización alimentaria. El protagonismo recae en una pequeña explotación de productos ecológicos que abastece a un gran número de familias cuyo deseo es disfrutar de alimentos ecológicos, básicamente su funcionamiento es similar al de las cooperativas ecológicas. Gracias al programa denominado ‘Agricultura mantenida por la comunidad’ se abastece una vez por semana a las familias con un gran surtido de productos ecológicos.

El sistema productivo es ejemplar y se respeta el medio ambiente y al organismo humano, la finalidad es proporcionar alimentos libres de cualquier sustancia química. En 1990 el Gobierno estadounidense intentó delimitar los estándares de la agricultura ecológica, es decir, marcar algo que parecía deslindado. Según se indica tras varios años de estudio, en 1997 se mostró que el Gobierno estadounidense tenía intención de permitir que en la agricultura ecológica entraran los organismos modificados genéticamente o transgénicos y otra serie de prácticas que nada tenían que ver con la agricultura sostenible. Recordemos que anteriormente hemos podido comprobar que las compañías biotecnológicas están introducidas en el Gobierno estadounidense y posiblemente estas intenciones estaban relacionadas con sus objetivos.

Los consumidores pedían respetar la pureza de los alimentos ecológicos y por fortuna el Gobierno norteamericano accedió. Quienes aparecen en este documental manifiestan que el aspecto saludable es lo más importante y el aspecto económico queda en segundo lugar, nada que ver con la producción industrial o transgénica. De todos nosotros depende que compañías como Monsanto puedan manipular a su antojo el futuro de la comida y el nuestro propio.

Aconsejamos ver también el documental de la periodista francesa Marie Monique Robin, El mundo según Monsanto, documental de casi dos horas de duración en el que se pueden conocer todas las investigaciones realizadas por la periodista sobre los transgénicos y la compañía biotecnológica Monsanto. En este caso, hay que decir que el vídeo se muestra como una especie de thriller sobre la salud pública, echamos de menos un poco más de rigor científico.

Foto | Mzelle Biscotte

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