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Precios justos para el sector agroalimentario español

Margenes de las cadenas de distribución

Asaja (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores) ha pedido al Gobierno español que adopte medidas con los intermediarios, se reivindican precios justos para el sector agroalimentario español, recordemos que en algunas ocasiones se ha denunciado que se han pagado precios por debajo del coste de producción. Por otro lado, esas reducciones no se han trasladado a los consumidores, por lo que los márgenes de los intermediarios se han podido tachar en varias ocasiones de muy especulativos. Claro que esta reivindicación no nos sorprende, recordemos el precedente sentado por el Gobierno de Francia.

Hace apenas unos días nos hacíamos eco de una noticia que hacía referencia a la aplicación de nuevos impuestos para los intermediarios que no moderen el margen de beneficios en Francia en tiempos de crisis económica. Destacábamos que podría ser una iniciativa secundada en España, desgraciadamente el Gobierno español ha estado dando la espalda a la grave situación especulativa de precios que han sufrido los productores por parte de las cadenas de distribución. Basta realizar el seguimiento mensual del IPOD (Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos), proporcionado por COAG, para darnos cuenta de ello. Del mismo modo que Francia intenta ayudar a sus productores (aunque estos no terminan de estar conformes), los productores españoles reivindican al presidente Zapatero mayor implicación y una medida que permita ofrecer precios justos para el sector agroalimentario.

Se pretende evitar que los productos de temporada tengan campañas ruinosas, como sabemos, la crisis en los alimentos de temporada es una tónica dominante y habitual en el mercado español. En este caso la especulación acaricia ahora la fruta de hueso. Es evidente que en España es necesaria una ley similar a la ley de Modernización de la Agricultura de Francia que contempla puntos muy beneficiosos para los agricultores.

Lo único que se ha logrado en nuestro país, son las negociaciones que han permitido impulsar a un plan de financiación de ayudas y avales para que los agricultores puedan obtener créditos, o moratorias a los ya concedidos, triste y lamentable ayuda que no sirve de nada, sobre todo porque apenas se aprecian beneficios en las cosechas y los créditos se deben pagar igualmente. Asaja pide una solución similar a la adoptada por el Gobierno francés, se pretende frenar el hundimiento de los precios de los alimentos de temporada, algo que ocurre continuamente.

Margenes de los precios agroalimentarios

Recordemos los datos del IPOD de abril de 2010 y cómo ya han comenzado los movimientos especulativos, como ejemplo hablaremos de los pepinos, éstos han pasado de una diferencia de precio origen/destino de un 191%, a nada menos que un 748%.

De los 0’90 euros por kilo de pepinos que los productores percibían en el mes de marzo, se pasaba a los 0’23 euros/kilo, notable reducción de precios que no se trasladaba a los consumidores finales, que en ambos meses pagamos lo mismo. E igual va a ocurrir con la fruta de hueso, con las sandias y melones y con cualquier alimento de temporada si no se pone freno a tiempo. Los productores deben percibir importes justos y razonables, y los consumidores pagar también precios justos y razonables, por tanto, quienes tienen que empezar a moderar sus márgenes comerciales son los intermediarios y las grandes cadenas de distribución, y si no lo hacen, obligarles a ello tal y como pretende el Gobierno francés.

A todo esto hay que decir que ASAJA, COAG, UPA y diversas Cooperativas Agro-alimentarias, han convocado una movilización para el próximo 1 de junio frente al Palacio de Congresos y Exposiciones de Mérida bajo el lema “El campo se arruina” ¡¡Exigimos Soluciones!! Ya veremos como responde el Gobierno Español.

Por cierto, volvemos a realizar una pregunta, a pesar de que se pudiera arreglar la situación, ¿qué pasa con los alimentos que proceden de terceros países? Recordemos que estos son más baratos que los nacionales y terminarán igualmente ahogando al sector de nuestro país a no ser que se regule su entrada en nuestro mercado, algo que dudamos después de conocer el supuesto gran acuerdo entre la UE y Marruecos en materia de importación de productos agrícolas, o el modo en el que la Unión Europea representa los intereses de terceros países, estos son sólo algunos ejemplos.

Foto | Digital Cat
Foto 2 | Tambako the Jaguar’s

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Ya hay 3 comentarios. ¿Quieres dejar el tuyo?

  • Ana

    Por desgracia, los agricultores sufrimos demasiado a menudo ese problema, vender por debajo de los costes de producción y lo peor es que encima tenemos que cumplir muchísimas exigencias comerciales y sanitarias…¿por qué no se les exige lo mismo a terceros paises? por qué no se controla el Iva del intermediario especulador?, no basta con poner parches dándo financiación, lo que necesitamos es un plan integral que reforme y controle de alguna forma los desmanes que se producen.

    Un saludo!!!

  • Tal y como está la economía, es difícil creer que el gobierno pueda preparar un plan integral para mejorar el sector. Por otro lado, la Unión Europea parece favorecer la producción agroalimentaria de terceros países y los motivos parecen bastante evidentes.

    Saludos

  • Alvaro [liquostyle.com]

    En casi todos los casos los agricultores sufren las consecuencias de la venta de un producto genérico indiferenciado sumado al oligopolio de la distribución. IMHO habría que intervenir en ambos extremos.

    Evitar la concentración de la distribución y fomentar la competencia en el sector sería un primer paso. Aunque podría tener como efecto secundario un aumento general de los precios de los productos de primera necesidad si se pasasen de frenada y reducen la eficiencia del sistema.

    Y por otro lado acciones orientadas a la producción de productos de calidad contrastada, denominación de origen, indicaciones geográficas y sobre todo creación de marcas. Competir en precios es simplemente imposible.

    Por otra parte los agricultores se enfrentan a que el desarrollo tecnológico de su sector (fertilizantes, pesticidas, maquinaria, mejora de semillas, regadíos) ha aumentado enormemente la productividad (de ahí la sobreoferta que empuja los precios a la baja) y ha dejado obsoleta la estructura de producción de la mayoría de cultivos (minifundios, monocultivos, etc).

    El proteccionismo puede parecer la solución ideal, pero no afecta al distribuidor si no que carga el sobrecoste en el consumidor final. Y por otra parte es un freno al desarrollo de los países del tercer mundo (probablemente el mayor freno). Las argumentaciones de los agricultores pidiendo la aplicación de las mismas regulaciones y costes en esos países que en el nuestro son igualmente demagógicas, cuando la agricultura española fue un motor de desarrollo para España no hace tantos años (apenas 50) exactamente con la misma estrategia (menor regulación y salarios bajos).

    Afirmaciones como «quienes tienen que empezar a moderar sus márgenes comerciales son los intermediarios y las grandes cadenas de distribución» no sólo son demagógicas, si no que están basadas en presupuestos económicos falsos. Los precios no se fijan aplicando un margen sobre el precio de coste, si no que son siempre los más altos que el consumidor acepte, independientemente del coste de producción y siempre orientados a maximizar la recaudación total. Las primeras cerezas de la temporada costaron lo mismo de producir que las últimas, aunque las primeras puedan venderse 10 veces más caras.

    Si los agricultores pudieran también venderían sus productos al máximo precio posible, aunque les costase miles de veces menos de producir. Véase los casos de productos agrícolas de lujo, como ciertos guisantes vascos, cerezas o similares que se pagan a precios exhorbitantes pero no cuestan proporcionalmente más de producir que otros genéricos. Calidad, branding y búsqueda de canales de distribución alternativos.

    Las medidas que proponéis no son más que paliativos para prolongar la agonía de un modelo de producción obsoleto e ineficiente. Lo mismo que si los fabricantes de velas hubiesen pedido la prohibición de la fabricación de bombillas.

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