Col de Bruselas

La col de Bruselas, o coles de Bruselas (Brassica oleracea var. gemmifera), es una variedad de col de pequeño tamaño que pertenece a la familia de las Brassicaceae, como la col o repollo, el brócoli, la coliflor o el colinabo entre otras, y seguramente, de esta familia es la más fácil de incluir en la dieta infantil, por su aspecto y porque ofrece un sabor dulzón y agradable, siempre que se cocine de forma adecuada para evitar el amargor que se puede generar en sus hojas.

El origen del nombre de la col de Bruselas se otorga a esta gran ciudad, se cree que en la época romana habían sido cultivadas en Italia, pero la col de Bruselas que ahora conocemos, considerada una verdura ‘nueva’ y cultivada extensamente en Bélgica (de ahí su denominación), se fecha en el año 1200. La primera referencia escrita data de 1587, fue un alimento muy popular en el sur de los Países Bajos, zonas frías que tolera muy bien la planta, un tallo grueso y alto del que brotan estas yemas.

La cosecha de las coles de Bruselas puede extenderse desde finales de verano hasta principios de primavera, dependiendo de la variedad cultivada. De esta verdura considerada de invierno, se conocen variedades estándar e híbridas, que varían en tamaño, en color, en sabor y claro, las hay tempranas, intermedias y tardías, ampliándose así su estancia en el mercado. No obstante, sabemos que podemos encontrar coles de Bruselas todo el año, pero también sabemos que los productos de temporada siempre ofrecen mayores cualidades organolépticas.

Las coles de Bruselas son también una de las verduras que habitualmente se congelan, las podemos ver en super e hipermercados, pero es tan fácil hacerlo en casa aprovechando ahora que están de temporada… basta un simple blanqueado o escaldado previo, un buen envasado y al congelador.

A nosotros nos encantan las coles de Bruselas, una curiosidad dado que la col o berza nos cuesta consumirla cocinada, por esto y por aprovechar sus propiedades nutricionales, aprovechamos mucho la temporada de sus ‘hermanas pequeñas’. Éstas son también ideales para introducir las verduras en la dieta de los más pequeños, su tamaño, su color y un buen acompañamiento hace más fácil que los niños las acepten. Lo importante a la hora de cocinarlas es evitar que resulten amargas.

Las coles de Bruselas tienen niveles muy elevados de glucosinolatos (sinigrina y progroitrina), compuestos químicos sintetizados por las crucíferas como defensa y que son las que proporcionan el sabor amargo y picante. Responsables también, según algunos estudios, de las propiedades anticancerígenas de coles, grelos, berzas, brócoli, etc. A diferencia de otros vegetales de la familia, el elevado nivel en celulosa de las coles de Bruselas hace que sea necesario cocinarlas para hacerlas más digestivas.

Generalmente se preparan hervidas, al vapor o fritas. Como sabemos, cada método de cocción conserva o hacer perder más propiedades nutricionales de los vegetales, el vapor conserva, el hervido pierde, pero es de este modo como se puede conseguir que se minimice el sabor amargo, y más aún si las coles de Bruselas se hierven cortadas por la mitad.

Personalmente preferimos hacerlas al vapor, o una corta cocción en agua y sal que dependiendo del tamaño, puede ser de cinco minutos, y después, enriquecer su sabor pasándolas por la plancha, o salteándolas con especias, hierbas aromáticas, ajo, guindilla… dependiendo del plato que vayamos a componer.

Las propiedades nutricionales de la col de Bruselas son muy interesantes, es rica en vitamina C, provitamina A, ácido fólico y vitaminas del grupo B, además de potasio, magnesio, yodo, zinc, hierro, fósforo y calcio entre otros. Importante su aporte en fibra y dentro de la familia de las crucíferas, una de las más energéticas, pero aun así aporta menos de 50 kcal. por cada 100 gramos. Cabe destacar que este alimento está limitado para personas que sufren algunos problemas de salud relacionados con la glándula tiroides o con las difíciles digestiones.

A la hora de comprar las coles de Bruselas debemos escoger las que tienen un intenso color verde (también hay variedades moradas), con los cogollos pequeños y bien prietos, lisos y tersos. La conservación, como comentábamos en otros vegetales de la misma familia, mejora si se guardan sin lavar en una bolsa que admita la aireación, en el frigorífico.

Foto | Ross

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