¿Holanda veta las hortalizas españolas?

Un documental emitido en la cadena de televisión holandesa KRO, se hace eco de las pésimas condiciones a las que están sometidos los inmigrantes que trabajan en los invernaderos españoles, concretamente los situados en el sudeste de España. El documental expone que los inmigrantes viven en condiciones infrahumanas, mal pagados y con viviendas lamentables, el año pasado los Países Bajos importaron hortalizas por un valor de 450 millones de euros, alimentos de los que no se garantiza que se hayan obtenido de forma respetuosa y sostenible. ¿Holanda veta las hortalizas españolas?, eso parece, de momento los supermercados holandeses han prometido a los consumidore,s que trabajan para ofrecer alimentos buscando la sostenibilidad y un trato y salario digno a los trabajadores.

El documental se hace eco de la situación que viven miles de inmigrantes africanos en Almería, pretenden mostrar a los consumidores a través de las imágenes, cómo viven y cómo sufren la explotación por parte de los productores, se denuncia la situación de irregularidad, sin contratos laborales y con sueldos muy por debajo del salario mínimo establecido en nuestro país. Algunas declaraciones rayan la difamación, se llega a decir que hace 200 años se usaba el látigo para controlar a los esclavos y se realiza una comparativa con la situación en Almería. Ante lo difundido a través del documental, parece evidente que Holanda no quiere hortalizas españolas y además de forma contundente.

Según leemos en la web de Fresh Plaza, los supermercados holandeses son miembros de la BSCI (Business Social Compliance Initiative) localizada en Bruselas, se trata de una organización sin ánimo de lucro creada en el año 2002 como respuesta a la demanda creciente por parte de las empresas para el cumplimiento social en las cadenas de suministro a nivel global. Muchas compañías, algunas alimentarias, se han unido a esta organización apoyando el esfuerzo para construir una cadena de suministros y abastecimiento en varias áreas, a fin de garantizar producciones éticas y sostenibles. Al parecer, el BSCI es consciente de los abusos que se realizan en el sudeste de España, del mismo modo se dice que tanto el Gobierno español como la Unión Europea son conscientes de ello, pero no han adoptado las medidas oportunas.

Por ello, ahora los supermercados holandeses toman cartas en el asunto y pretenden presionar a nuestro país para que esta situación cambie. El SOC Almería (Sindicato de Obreros del Campo) declara que si los supermercados holandeses quieren demostrar que comercializan productos sostenibles, deberán empezar por garantizar los precios justos y estables para los productores. Recordemos como ejemplo el post Las naranjas en Alemania son más baratas que en España, algo parecido ocurre posiblemente en los supermercados holandeses, se hacen un estandarte de la sostenibilidad y el trato digno, pero quizá ocultan la especulación y los reducidos precios que pagan por los alimentos españoles. A esto sería interesante añadir la necesidad de estudiar la situación en terceros países, Holanda importa piñas, recordemos el vídeo sobre el drama del cultivo de piñas o ananas.

No queremos decir con ello, que no se produzcan irregularidades en la producción española, pero creemos que se trata de una campaña contra los productos de nuestro país y pagarán justos por pecadores. Holanda veta las verduras españolas pero también debería vetar otros productos sean o no alimentarios, que se han producido o fabricado en condiciones mucho peores. Los supermercados holandeses declaran que su imagen se puede ver seriamente dañada si comercializan productos obtenidos de forma poco ética y sostenible, poner en la palestra exclusivamente el tema español delata que existen otros motivos, quizá los productores españoles no aceptaron unas condiciones y precios muy por debajo de los costes de producción, recordemos que el IPOD nos muestra mensualmente que los productores son los principales afectados por la especulación de las cadenas de distribución e intermediarios.

En el documental se muestran los kilómetros y kilómetros de plásticos que cubren los invernaderos, una mujer española declara que la crisis económica ha afectado a la sociedad española y evidentemente los inmigrantes también han acusado sus efectos, reconoce que la situación de la población inmigrante es precaria, apenas trabajan, necesitan ayuda y son muchos los que no están censados, indica que hay miles de personas en una situación muy precaria, están indocumentados y no perciben un salario digno, pero indica que también es cierto que los responsables de los invernaderos arriesgan mucho al dar trabajo a estas personas.

Los reporteros de la cadena KRO tratan de confirmar que los productores españoles suministran alimentos a cadenas holandesas, se hacen preguntas sobre los inmigrantes que trabajan en los invernaderos, el trabajo de investigación prosigue, se pretende a toda costa demostrar que en Almería no se trabaja de forma respetuosa y ética. Varios agricultores declaran que las sanciones son demasiado graves como para aceptar inmigrantes sin papeles, nadie se arriesga a ello (como hemos dicho antes, quizá algún agricultor se arriesgue) pero no se puede poner en el rasero a todos los agricultores.

Por otro lado, representantes inmigrantes denuncian lo contrario, se visitan barracas y las condiciones precarias en las que viven los indocumentados, se denuncian las condiciones de explotación y servidumbre, la polémica está servida y se difundirá por el resto de Europa. Los propios agricultores españoles indican que la situación es complicada, no se les puede dar trabajo y buenamente intentan ayudarles, quizá no deberían hacerlo. El documental expone dos caras de la moneda, aunque parece decantarse por la situación irregular de los trabajadores. Los inmigrantes indican que existe un pacto de silencio y que las irregularidades se suceden, personas sin escrúpulos existen en todos los lugares del planeta, pero no se puede pretender denunciar una situación como si se tratase de una tónica habitual y dominante, Europa no acaba en los Pirineos.

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