Eton mess

Postre tradicional inglés

Se conoce como Eton mess a un postre de origen inglés que según algunos escritos, data del siglo XIX. Pero es alrededor del año 1930 cuando se hace más popular, corren distintas leyendas asociadas a su origen, pero una de las más repetidas se relaciona con la escuela Eton (Eton College), al parecer, en esa época el dulce se vendía en la ‘sock shop’, la tienda del colegio denominada Eton Tuck, quedando como un clásico ofrecerlo en la celebración anual de criquet de la escuela, cuando juega Eton contra Winchester.

Más divertida, pero a la que le otorgan poca credibilidad, es la historia de que un perro labrador se sentó encima de una Pavlova de fresas, claro, en ese caso se aplastaría y el resultado sería un desorden de crujiente merengue, nata montada y fresas frescas, y es que estos son los tres ingredientes del clásico Eton mess.

Cómo sabéis, una pavlova es una tarta que se hizo en honor a la bailarina rusa Anna Pavlova entre 1920 y 1930, se elabora con un merengue horneado como base, quedando así crujiente, y posteriormente se cubre con chantilly, mousse o algún otro tipo de crema, para terminar coronándola con fruta fresca.

Volviendo al Eton mess, sabemos que Eton es el nombre de la escuela (situado en Eton, Berkshire, Inglaterra), y mess se traduce como lío o desorden, de ahí lo mencionado anteriormente, y la relación entre la pavlova y el Eton mess, mismos ingredientes pero en el segundo caso presentado sin orden ni concierto, pues este postre se sirve en una copa o un bol alternando los ingredientes, nata o chantilly, trozos de merengue crujiente y fresas frescas.

Buscando sobre su origen, también se habla de las variantes de este dulce clásico de la cocina británica, desde que el primer Eton mess se elaboraba con fresas y/o plátanos combinando con helado o crema, hasta que se solía hacer con cualquier fruta de verano, incluso leemos aquí que el merengue se incorporó tiempo después a este postre, siendo una innovación del autor del libro Fine English Cookery (1973) de Michael Smith.

En cualquier caso, este postre clásico es tan simple como delicioso, en cada bocado se puede apreciar la cremosidad de la nata, el crujiente del merengue y la jugosidad de la fruta fresca, ya sabéis que se disfruta muchísimo con las fresas, pero si no están de temporada, podemos aprovechar todo tipo de frutas para hacer una de las variantes.

Foto | Mari Liis

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