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¿Los insectos son una fuente de alimentación esencial en la lucha contra el hambre?

Seguridad alimentaria con insectos

Desde hace varios años la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) promueve la alimentación con insectos, planteándola como una alternativa efectiva para paliar el hambre y a la vez enriquecer la gastronomía. En varias ocasiones esta organización ha dado a conocer cifras sobre las variedades y consumo de insectos, saltamontes, orugas, hormigas, mariposas, etc. También ha ofrecido datos sobre el aporte nutricional, por ejemplo, hablando de orugas, 100 gramos de este ‘producto’ aportan 53 gramos de proteínas, un 17% de carbohidratos y un 15% de materia grasa, lo que muestra su gran valor energético cifrado en unas 430 kilocalorías. Como cada año, la FAO vuelve a recomendar su consumo destacando que los insectos son una fuente de alimentación esencial en la lucha contra el hambre.

La FAO considera que los insectos son un recurso alimentario desperdiciado, no sólo mejoraría la alimentación o la lucha contra el hambre, también plantea este recurso como una interesante fuente económica, la recolección y cría de insectos puede generar empleo e ingresos a nivel industrial. Según el informe, y concretamente los datos de una investigación realizada por la FAO y la Universidad de Wageningen (Países Bajos), actualmente los insectos forman parte de la dieta tradicional de unos 2.000 millones de personas, se consumen unas 1.900 especies, siendo los escarabajos la más consumida con un 31%, le siguen las orugas, las abejas, las avispas, las hormigas, los saltamontes, los grillos y las langostas. Nos vuelve a presentar una comparativa sobre el valor nutricional, hablando del hierro, 100 gramos de peso seco de langostas pueden aportar hasta 20 mg, mientras que el mismo peso en carne de vacuno aporta 6 mg.

Algo que nos sorprende un poco, son una fuente de valor y actualmente los insectos son consumidos por 2.000 millones de personas, pero la tasa de hambre en el mundo es elevada y se incrementa año tras año, se supone que debería haberse reducido ya que 2.000 millones de bocas se alimentan con insectos. ¿Quién asegura que los insectos pueden ser la solución en la lucha contra el hambre?, no se duda del aporte nutricional, pero si realmente se convirtieran en un suculento negocio para la industria alimentaria, ocurriría lo mismo que con el resto de alimentos. Por otro lado, son alimentos tan susceptibles a la contaminación como otros, no escapan a la contaminación ambiental, a los pesticidas, abonos u otros elementos, esto derivaría en la creación de líneas de insectos ecológicos. Se habla de las bondades nutricionales de los insectos, pero faltan estudios que determinen sus contras, no se pueden presentar como un alimento milagro que garantice la seguridad alimentaria, contaminación, producción, envasado y otras cuestiones que no se referencian, y eso sin contar que cambiar la mentalidad de muchas personas, sería bastante complicado, una labor de muchos años.

Asia y África son grandes consumidores de insectos, pero también son los continentes donde el hambre hace más estragos, teniendo el recurso de los insectos y estando mucho más acostumbrados a ellos, el problema del hambre debería haberse reducido en vez de aumentar. A esto hay que añadir las campañas que se llevan a cabo desde hace años para impulsar la alimentación con insectos comestibles en aquellos países con economías muy deprimidas, en los que la población destina la mayor parte de sus ingresos a la alimentación. Al contrario, el tema del hambre se agrava, la FAO plantea recursos alternativos, gasta parte de su presupuesto en estudios, comisiones, informes y demás cuestiones que no tienen un retorno efectivo en el campo de lucha contra el hambre. Al respecto es interesante retomar la lectura del post La FAO cuestionada por su funcionamiento. Hace un par de años el Gobierno del Reino Unido amenazó a esta organización con un recorte de la aportación de fondos económicos si no mejoraba su funcionamiento, algo lógico teniendo en cuenta que sus iniciativas sirven de poco.

La FAO planteó en el año 2009 una pregunta, ¿Cómo alimentar al mundo en 2050?, curiosamente esta organización encargó dos años después un estudio al Instituto de Biotecnología y Alimentos SIK (Suecia), en el que se concluía que 1.300 millones de toneladas de alimentos se tiraban a la basura. Por un lado nos habla de insectos, pero por otro es totalmente consciente de que el desperdicio alimentario es uno de los problemas que deben solucionarse para reducir el hambre, a este podemos sumar otros problemas políticos y sociales que provocan la falta de alimentos, lo que falla completamente es la gestión de recursos, las políticas del mercado de consumo y otras cuestiones.

Otro ejemplo a citar, no existe normativa estatal o europea sobre la comercialización y consumo de insectos en seres humanos, recordemos que esta fue la causa de que en la Boquería ya no se vendieran insectos comestibles. No era por cuestiones sanitarias, simplemente existe un vacío legal administrativo, pero de esto no nos habla la FAO, sólo aconseja, ya que resulta más cómodo y barato recomendar consumir insectos que poner en práctica medidas efectivas contra los problemas antes citados. Por cierto, sería interesante saber si los miembros de esta organización disfrutan de este ‘superalimento’, o por el contrario no cumplen lo que predican.

La FAO explica que resulta más fácil producir insectos como alimento por sus características, son de sangre fría y no necesitan energía alimentaria para mantener la temperatura corporal, consumen poco y se obtiene mucho más alimento en comparación con los animales con los que se abastece a la cadena alimentaria, como ejemplo nos explica que con dos kilos de pienso se puede producir un kilo de carne de insectos, en cambio para producir un kilo de carne de vacuno serían necesarios 8 kilos de pienso. Recomienda también los insectos por otros motivos como la reducción de las emisiones de gases contaminantes o frenar la sobreexplotación forestal entre otras cuestiones.

Reconoce que no existe una legislación en la mayoría de países industrializados que permita la alimentación de insectos con desechos alimentarios u otros residuos, a pesar de que se suelen alimentar con estas materias. Explica que será necesario llevar a cabo más investigaciones en campos como la alimentación de los insectos para su producción, es decir, seguir gastando recursos en estudios y proyectos en vez de destinar partidas presupuestarias para ayudar a quienes pasan hambre. Otra cuestión es la seguridad alimentaria, los insectos son muy diferentes a los mamíferos y por tanto se deduce que no podrían transmitir enfermedades a los seres humanos, pero no basta con una deducción, serían necesarios estudios que lo certificaran.

Existen muchos contras que no facilitan la introducción de los insectos como alimento, especialmente en los países desarrollados, las empresas que valoran invertir en este marcado no harán ningún movimiento hasta que no exista claridad en el ámbito jurídico, no se arriesgarán a realizar inversiones ante tantos obstáculos que se deben eliminar. La FAO sigue erre que erre con este tema, empieza a ser tedioso que cada año recomiende la alimentación con insectos a pesar de que ya conoce los problemas que lo impiden, mejor sería que se dedicase a contribuir a mejorar el actual sistema alimentario optimizando recursos, reduciendo el desperdicio alimentario y otros problemas que tiene presente, al informe solicitado al Instituto de Biotecnología y Alimentos SIK nos remitimos.

Se podría hablar largo y tendido sobre este tema, la seguridad alimentaria no depende de los insectos, pueden ser una ayuda pero no van a solucionar el problema. No ayudarán a incrementar la producción alimentaria en un 70% para el año 2050, algo que los expertos plantean como medida de carácter urgente. De todos modos, os recomendamos leer el informe Insectos comestibles futuras perspectivas de la seguridad alimentaria y la alimentación (Pdf) para que saquéis vuestras conclusiones.