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Sensor óptico para detectar el deterioro de los alimentos

El proyecto CheckPack es una iniciativa en la que se pretende crear un sensor óptico capaz de detectar el deterioro de cualquier alimento cuantificando los compuesto volátiles generados por la degradación. No será necesario abrir el envase y las lecturas se podrán tomar mediante rayos infrarrojos.

CheckPack

CheckPack es un proyecto de investigación belga cuyo objetivo es el desarrollo de un sensor óptico para detectar el deterioro de los alimentos, dicho sensor se integrará en el envasado de los alimentos y analizará la concentración de diferentes compuestos volátiles asociados a la degradación de los alimentos. El envasado se ha convertido en un elemento muy importante, protege los productos, mejoran la manipulación en la cadena de suministros, brindan comodidad… pero es necesario dotarles de mayor funcionalidad y convertirlos en envases inteligentes capaces de informar en tiempo real sobre la calidad del producto o la integridad del propio envasado.

En varias ocasiones hemos hablado del desarrollo de envases inteligentes para alimentos, las etiquetas inteligentes que nos informan de la vida útil de los alimentos, etc. Hoy conocemos el nuevo sensor alimentario de CheckPack, sensor que se integra en los envases y con el que será posible medir continuamente el estado y la calidad del alimento desde que se procede a su envasado, pasando por su almacenamiento y su puesta a la venta en las estanterías de los supermercados. De este modo se podrá desechar el producto alimenticio envasado en cualquier momento de la cadena de suministro cuando sea inaceptable para su consumo.

El proyecto para desarrollar un sensor óptico para controlar la calidad de los alimentos se inició a finales del año pasado y tendrá una duración de cuatro años, en él participa una agencia gubernamental de Bélgica dedicada a la innovación en ciencia y tecnología, también están implicados investigadores de la Universidad de Gante, la Universidad Libre de Bruselas y la Radboud University Nijmegen de los Países Bajos. En principio el trabajo se centrará en los envases de carnes y pescados con atmósferas modificadas, cuando el sensor óptico de calidad sea efectivo y funcional con estos alimentos, en una segunda fase se trabajará con los envasados de frutas y verduras, productos de panadería y bollería etc., la idea es poder desarrollar un sensor que pueda controlar la calidad de cualquier producto alimenticio. Los expertos creen que será mucho más práctico para la industria que otros dispositivos dado su amplio espectro, por ello, el proyecto tendrá una duración mínima de cuatro años y en el caso de ser viable y eficaz, no se implantaría en la industria hasta dentro de 5 años.

Los expertos explican que se centrarán primero en carnes y pescados por ser productos muy importantes y por ser muy perecederos, la mayoría de estos alimentos se envasan en atmósferas modificadas y uno de sus principales inconvenientes, es el hecho de que la evaluación de la calidad sensorial, microbiológica o química, no se puede realizar a menos que no se abra el envase. Dadas las necesidades de la cadena de suministro, con este sensor óptico se podrán realizar todo tipo de análisis sin necesidad de abrir los envases.

En sensor óptico de calidad alimentaria permitirá identificar y cuantificar los compuestos volátiles más importantes que se liberan durante el proceso de degradación de los alimentos, en las distintas condiciones de envasado. Los investigadores aseguran que permitirá realizar un análisis microbiológico y sensorial de los alimentos, para no dejar ningún cabo suelto, se trabajará en el desarrollo de nuevos materiales específicos que serán integrados en los envases a fin de detectar compuestos volátiles específicos, se desarrollará un modelo matemático que permita relacionar los datos ofrecidos por el lector con el estado y calidad de los alimentos.

El funcionamiento del sensor será el siguiente, cuando los compuestos volátiles interactúen con los materiales de recubrimiento, se producirá un cambio en el índice de refracción de dichos materiales, este cambio podrá ser detectado mediante infrarrojos dirigidos con un aparato similar al escáner de códigos de barra. El cambio del índice de refracción provocará un cambio en la longitud de onda de los infrarrojos, que se traducirá en información detallada sobre los compuestos volátiles usando el modelo matemático antes indicado y que se desarrollará paralelamente al sensor.

Es un proyecto ambicioso y tiene muchas complicaciones a superar, uno de los grandes desafíos es poder determinar todos los compuestos volátiles liberados y relacionarlos con los microorganismos que los generan, posteriormente será necesario vincular los datos al índice de descomposición de cada alimento. Los investigadores deberán seleccionar los materiales precisos que sean capaces de absorber estos compuestos, algo en lo que tendrán que trabajar durante el desarrollo del proyecto.

Primero desarrollarán un prototipo y si funciona correctamente seguirán trabajando para integrar más funcionalidades, para los expertos es muy importante desarrollar este tipo de sistemas, con ellos se puede lograr reducir significativamente la cantidad de desperdicios alimentarios que se generan en el planeta. El sensor además podría sustituir a la fecha de consumo preferente y la fecha de caducidad, suponemos que en este sentido se tendría que trabajar para que los consumidores pudieran tener acceso a la información con un simple vistazo.

En fin, aún quedan unos años para poder saber si el proyecto ha tenido éxito y es viable para la industria, podéis conocer todos los detalles sobre su desarrollo a través de la página oficial de CheckPack.

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