La FAO condena el desperdicio de alimentos aptos para el consumo

En la pasada sesión ministerial de la Conferencia Regional de la FAO para Europa, este organismo ha condenado el desperdicio de alimentos aptos para el consumo y exige una acción inmediata desde el sector público y el sector privado, también pide buscar fórmulas que faciliten un cambio en el comportamiento de los consumidores.

Desperdicio de alimentos

La población mundial aumenta y con ello las necesidades alimentarias, sin embargo, se siguen desperdiciando grandes cantidades de alimentos que son aptos para el consumo, los estándares de calidad, las reglamentaciones de cada país y las exigencias de los consumidores, son un combinado que hace que se tiren miles de toneladas de alimentos. La FAO indica que el mundo no puede permitirse el lujo de seguir desechando hasta un tercio de la producción agrícola total, condena el desperdicio de alimentos aptos para el consumo humano y pide que se lleven a cabo acciones coordinadas y contundentes, especialmente el sector privado.

Considera que es el sector privado el que debe liderar la lucha contra el desperdicio alimentario en todos los eslabones de la cadena de suministros. Estas son algunas de las conclusiones a las que se ha llegado en una reunión celebrada con motivo de la Conferencia Regional Bienal de la FAO celebrada en Bucarest, en la que han participado ministros de agricultura europeos y asiáticos. En un documento preparado para esta reunión la FAO analiza las pérdidas y desperdicios alimentarios generados en Europa, en él se realizan análisis de siete cadenas de suministro de países de altos y medios ingresos, lácteos, frutas y verduras, carne, pescado, leguminosas y oleaginosas, cereales y raíces y tubérculos.

En el documento se sugiere que si las pérdidas y desperdicios alimentarios se redujeran a la mitad, se podría reducir el incremento productivo requerido para poder abastecer a la población en el año 2050, recordemos que se barajaba como mínimo un incremento del 60-70% en la producción. La FAO asegura que sólo sería necesario aumentar la producción en un 25% y no en la cantidad antes indicada. Es interesante apuntar que en este documento no se tiene en cuenta ni se han analizado algunos estudios en los que se concluye que la capacidad de producir alimentos está estancada, siendo el rendimiento de los cultivos mucho menor que en la década de los años 50. A esto también hay que sumar el informe reciente del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) y sus previsiones sobre la productividad alimentaria, se puede deducir que no bastará con reducir a la mitad el desperdicio alimentario.

La FAO considera que las inversiones destinadas a reducir el desperdicio alimentario en cualquier escala significativa podría llevarse a cabo principalmente a través del sector privado. Apunta además que en gran medida estos desperdicios de alimentos son racionales desde una perspectiva privada, ya que es el resultado de un comportamiento optimizado por los operadores. Si se tiene en cuenta la naturaleza y causa de los desperdicios de alimentos, una reducción del 50% puede asumirse como un objetivo factible en todos los sentidos, económico, social y ambiental. La FAO considera que es esencial esta actuación para mejorar la sostenibilidad del sistema alimentario y contribuiría a cambios sistémicos más amplios.

Pérdidas de alimentos

Sobre estas líneas podéis ver un gráfico en el que se destacan los eslabones en la cadena de suministros y los desperdicios generados en cada uno de ellos. En el margen izquierdo podéis ver las siete cadenas de suministro, lácteos, pescado, carne, frutas y verduras, leguminosas y oleaginosas, raíces y tubérculos y finalmente cereales. Cada una de las cadenas está segmentada en tres partes, países con bajos ingresos, medios y altos. Dependiendo del tipo de país las pérdidas alimentarias (expresadas en porcentaje) se producen en la cosecha, la post-cosecha, el procesamiento, la distribución o el consumo. Con algunos productos en los países desarrollados la mayor parte de las pérdidas y desperdicios alimentarios se generan en la fase del consumo, en cambio, en los países de ingresos medios y bajos, la mayor pérdida se produce en la etapa de cosecha y post-cosecha.

En el documento presentado en la reunión se cita el estudio realizado en el año 2011 y del que hablábamos en el post 1.300 millones de toneladas de alimentos se tiran a la basura. Recordemos que este estudio fue encargado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, al Instituto de Biotecnología y Alimentos SIK (Suecia). Tanto países industrializados como no tan industrializados desperdiciaban una cantidad similar de alimentos, 670 y 630 millones de toneladas respectivamente.

La FAO apunta que muchos pequeños agricultores de países en vías de desarrollo viven al borde de la inseguridad alimentaria, reducir el desperdicio de alimentos podría tener un impacto inmediato y significativo sobre ellos y su modo de vida. La organización considera que se ha de empezar a trabajar desde la producción de alimentos y aplicar un plan que se extienda a cada etapa (desde la post-cosecha hasta el consumo en los hogares) y en todas las cadenas de suministros. Dado que el sector privado tiene un gran peso e influencia (por no decir toda) en la producción alimentaria, se considera que debe ser el que acometa estos cambios necesarios para garantizar la seguridad alimentaria en un futuro.

Durante años representantes de organizaciones internacionales, responsables políticos y otros operadores han estado discutiendo sobre este tema, se han realizado varios estudios sobre el desperdicio de alimentos con el fin de destacar la magnitud del problema y empezar a adoptar soluciones decisivas. Curiosamente, parte de estos estudios han sido encargados por organizaciones nacionales a investigadores y universidades, y se han desarrollado en países donde no se sufre inseguridad alimentaria. Algunos de estos estudios están motivados por factores sociales o factores éticos, otros persiguen mejorar la seguridad alimentaria. Pero de lo que se trata es de unificar estudios y aplicarlos en un contexto global, un ejemplo es el gráfico antes citado, en cada país se debe abordar el tema de un modo diferente.

Con respecto a los países desarrollados, la FAO explica que los residuos alimentarios son el resultado de la conducta y elección de los consumidores, aunque apunta especialmente a los minoristas, se debe desterrar esa conducta de tirar la comida porque resulta más barato, para mantener los precios de mercado o por otros intereses (esto es una tónica habitual). Considera que la población en general debe estar al corriente de estos problemas y su alcance, ello debería cambiar las conductas citadas, el desperdicio alimentario debe ser un tema prioritario en las agendas de los gobiernos y del resto de actores que participan en las cadenas de producción.

En la reunión se ha pedido a la FAO que intensifique su labor de análisis e investigación para poder comprender mejor las causas de las pérdidas y desperdicios alimentarios, también se le pide que ayude a los países a desarrollar mejores sistemas de recolección de datos para realizar estadísticas más fiables sobre la pérdida de alimentos. La verdad, en el documento que podéis leer aquí, se tratan varios temas y a diferencia de años anteriores, parece que se toman más en serio el problema del desperdicio de alimentos.

Cambio climático, menor rendimiento agrícola, alimentos desechados, aumento de la población… son muchos los factores que se conjugan y que ponen en riesgo la seguridad alimentaria en el futuro. La FAO condena el desperdicio de alimentos aptos para el consumo, pero no basta con una condena, es necesario empezar a trabajar en serio y de forma coordinada con todos los países, las iniciativas independientes de un país no suponen un gran cambio en la situación actual.

Foto 1 | Jeanne Menjoulet & Cie

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