En Reino Unido no se conocerá la procedencia de la carne de los alimentos preparados

A pesar del escándalo de la carne de caballo y de las promesas para que los consumidores puedan saber qué es lo que compran y consumen, en el Reino Unido no se conocerá la procedencia de la carne de los alimentos preparados.

Alimentos preparados del Reino Unido

La industria alimentaria de Reino Unido no estará obligada a informar sobre la procedencia de la carne que utilizan en la elaboración de alimentos preparados como la lasaña, los canelones, las salsas con carne para pasta, etc. Recordemos que a raíz del escándalo de la carne de caballo, se habló de poner en marcha planes más estrictos de control y la obligación de que los fabricantes informarán sobre la procedencia de la carne que utilizaban para sus alimentos preparados. Parece ser que las propuestas para endurecer la legislación en este sector se han dejado a un lado de forma silenciosa, un cambio de dirección que ha adoptado el Consejo de Ministros del país ante la presión ejercida por la industria alimentaria.

Al menos por el momento, en Reino Unido no se conocerá la procedencia de la carne utilizada en los alimentos preparados, se prometió transparencia pero al haber dejado a un lado los planes para endurecer la legislación, los fabricantes no estarán obligados a declarar la procedencia de las materias primas cárnicas. Se deduce que la presión de la industria ha tenido mucho que ver en la normativa que entrará en vigor sobre el tema, ésta parece haberse debilitado a raíz de las reuniones que el Ministerio agropecuario ha tenido con el sector. Los consumidores seguirán sin saber de dónde procede la carne utilizada en los alimentos preparados que adquieren, ya que no hay obligación de que esté indicado en la etiqueta del producto, todo lo contrario a las promesas que en su momento realizó el primer ministro David Cameron.

Es interesante recordar que tras el escándalo de la carne de caballo, recientemente se daba a conocer otro posible problema con el kebab de cordero, un grupo de investigadores llevó a cabo un análisis y detectó que se estaba realizando un fraude alimentario, parece ser que en los kebabs se sustituye en parte o la totalidad la carne de cordero por carne de pollo, pavo, ternera, etc. En las 145 muestras de kebab de cordero que se tomaron para el estudio, se identificaron 43 consideradas como un fraude. Noticias como esta no hacen más que socavar la confianza de los consumidores, si además, la industria no tiene por qué identificar la procedencia de la carne, se puede decir que los británicos perderán toda confianza en la industria de los alimentos procesados con carne.

Muchos organismos y asociaciones de consumidores han solicitado en reiteradas ocasiones que se ofrezca un etiquetado de alimentos más claro y transparente, ahora denuncian el fracaso del Gobierno del país para proteger los intereses de los consumidores de Reino Unido. Para muchos es un escándalo mayor que el Gobierno ceda a las presiones de la industria y obvie la protección del consumidor, eliminar la información sobre el origen de la carne hace sospechar que se van a seguir llevando a cabo prácticas fraudulentas. Sorprende saber que los responsables del Defra (Departamento de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales) argumenten que es demasiado costoso que las empresas puedan cumplir las normas tan estrictas que en su día se propusieron.

El partido político de David Cameron lanzó, antes del escándalo de la carne de caballo, una campaña de honestidad alimentaria y prometía etiquetas obligatorias que identificaban claramente la procedencia de las materias primas utilizadas en los alimentos preparados. Tras el problema con la carne de caballo esta campaña se retomó y el secretario de Medio Ambiente invitó a la UE a acelerar los planes para etiquetar el origen de la carne procesada. Recordemos que en el mes de abril la CE estableció que los productos con carne de vacuno podrían contener un 1% de carne de caballo sin que fuera necesario que se identificara en la etiqueta alimentaria.

El caso es que se está acusando al Defra de permitir que sean las grandes empresas las que dispongan las normas y dicten la política a seguir, algo que muestra el peso que puede tener este sector y la influencia que llega a tener en el Gobierno del país. Se está vetando el derecho a que los consumidores sepan qué es lo que están comiendo y cuál es su procedencia. Los argumentos del Gobierno para no identificar el origen de la materia prima cárnica son que sólo se podría considerar la información en el etiquetado si era fácil de integrar, no suponía una carga para las empresas y no distorsionaba el mercado, argumento pobre y con poco sentido, sobre todo si continuamente se suceden este tipo de fraudes.

En definitiva, se van a introducir nuevas reglas que afectarán a la carne fresca y carne sin procesar, y como leemos aquí, no afectarán a los alimentos procesados con carne, precisamente este grupo de alimentos fue el que originó el escándalo. Para reforzar argumentos, la Asociación de Procesadores de Carne del Reino Unido ha explicado que una investigación independiente encargada por la Comisión Europa concluyó que este etiquetado encarecería los alimentos y los consumidores no estarían dispuestos a pagar ese aumento de precios. Total, que la nueva reglamentación no va a tener ningún impacto en la seguridad alimentaria que ofrecen los alimentos cárnicos procesados.

Foto | USDA

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