Las compañías alimentarias varían el contenido en sal de los alimentos según el país

World Action on Salt and Health denuncia que las compañías alimentarias varían el contenido en sal de los alimentos según el país en el que se comercializan, en algunos casos la diferencia es muy significativa y no tiene nada que ver con los gustos y preferencias de los consumidores.

Recomendaciones de la OMS sobre el consumo de sal

Según denuncia WASH (World Action on Salt and Health), existen grandes diferencias en el contenido de sal de algunos alimentos dependiendo del país en el que se comercializan. Estas compañías saben que un contenido elevado en sal en los alimentos es perjudicial para la salud y en algunos países sus productos se han tenido que adaptar a lo exigido por la OMS o por la legislación sanitaria. Pero en otros, quizá porque no se ha tratado el tema o porque la legislación es más precaria o inexistente, las compañías no cambian su formulación y ofrecen los mismos productos con una cantidad muy significativa de sal.

Siguen comercializando los alimentos con exceso de sal en algunos países y esto provoca que se mantenga el riesgo de accidentes cardiovasculares y otras enfermedades relacionadas con el corazón. WASH reclama a compañías como Nestlé o Kellogg’s que se apliquen los mismos criterios de formulación de sus productos en todos los países del mundo y siguiendo las directrices marcadas por la Organización Mundial de la Salud.

Según el nuevo estudio realizado por WASH, las diferencias del contenido de sal en los alimentos son muy significativas, por ejemplo, una hamburguesa de KFC (Kentucky Fried Chicken) comercializada en Oriente Medio contiene 3’5 gramos de sal, tres veces más que lo que contiene la misma hamburguesa vendida en Malasia, en este caso su contenido es de 1’05 gramos. En Canadá se comercializa una Doble Cheeseburger que contiene 2’85 gramos de sal, esta hamburguesa adquirida en Nueva Zelanda tiene casi un gramo menos de sal.

Si hablamos de cereales para el desayuno, Nestlé Fitnnes contiene 2 gramos de sal por cada 100 gramos de producto en Rusia, mientras que en Chile contiene menos de la mitad de sal, 0’72 gramos por cada 100 gramos de cereales. Los famosos Cornflakes de Kellogg’s se ofrecen en Venezuela con un contenido de 1’90 gramos de sal por cada 100 gramos de producto, en el Reino Unido se comercializan con 1’25 gramos de sal por cada 100 gramos. Se podrían ir analizando todo tipo de productos y comprobaríamos que no existe un criterio estandarizado, comer estos productos en algunos países conlleva un mayor riesgo para la salud. Por otro lado, no se puede argumentar que estos cambios en la formulación guardan relación con los gustos y preferencias de los consumidores según el país, ya que en ningún país del mundo tienen como preferencia que todos los alimentos tengan mucha sal, hay alimentos de todo tipo y el contenido en sal varía.

Un ejemplo que cita WASH es el contenido de sal de los Special K de Kellogg’s, este es mayor que el contenido en los cereales All Bran, en el propio país no hay un criterio definido. Los fabricantes son capaces de elaborar productos con menos sal, pero según explica World Action on Salt and Health, deliberadamente no lo hacen, a pesar de ser conscientes de que el exceso de sal perjudica la salud de los consumidores. Estas empresas trabajan con el objetivo de obtener los mayores beneficios, la salud del consumidor se queda relegada a un segundo o tercer plano.

En este estudio también se pone de manifiesto la variación en el etiquetado de los alimentos, en algunas etiquetas se ofrece toda la información nutricional y en otras no, todo depende del país en el que se comercializa. Esto provoca mayor confusión en los consumidores y no pueden elegir las opciones más saludables (con menos sal). Sería interesante realizar un estudio detallado en el que se comparase el contenido en sal (y en otros componentes, seguro que también hay sorpresas) y el etiquetado de los alimentos que se comercializan en los países desarrollados y los que se comercializan en los países en vías de desarrollo, seguro que las diferencias serían todavía más significativas.

Recordemos que en nuestro país, en los alimentos procesados se ha incrementado el contenido de sal en un 6%, así lo denunciaba la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) a principios de año. Los alimentos en los que hallaron mayor contenido en sal fueron platos preparados de carnes y pescados, sucedáneos de angulas (surimi), fuet y jamón cocido, bollos y galletas, en este caso de forma desproporcionada, nada menos que un 118%.

La WASH explica que se han realizado muchos progresos para reducir el contenido de sal en los alimentos, ejemplos a citar son los Cornflakes de Kellogg’s que se comercializan en Dinamarca y Bélgica, se ha pasado de un contenido de 2’38 gramos de sal por cada 100 gramos de producto en 2006 a 1’30 en el presente año. La razón parece ser que guarda relación con el Reino Unido, en ese país se fabrican estos copos de maíz y es también donde se han establecido objetivos para reducir el contenido de sal, lo cual nos lleva a pensar que si los copos se elaborasen en Dinamarca y Bélgica, quizá no se habría producido tal reducción.

Son muchos los ejemplos que se pueden citar del mismo producto con variaciones significativas de contenido en sal dependiendo del país en el que se comercializan, pero lo más alarmante es que en algunos países se ha aumentado hasta el doble el contenido de dicho componente en comparación con el año 2006, véase el Big Mac de McDonald’s en Malasia, Portugal y Singapur, el tocino de la Doble Cheeseburger de Burger King que se comercializa en el Reino Unido ha aumentado un 20% su contenido en sal en comparación con el año 2006, y eso que en este país existe el objetivo de reducir el consumo de sal como antes hemos explicado.

La recomendación de la OMS (Organización Mundial de la Salud) establece un consumo de 5 gramos de sal por persona y día, algo acordado por unanimidad y que debía aplicarse en todos los países intentando alcanzar esta meta para el año 2025. Tras el análisis realizado por la WASH, se concluye que las compañías alimentarias no hacen suficientes esfuerzos para lograr el objetivo indicado. A través de la página de la World Action on Salt and Health podréis conocer más detalles sobre la denuncia que concluye que las compañías alimentarias varían el contenido en sal de los alimentos según el país.

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