No etiquetar los alimentos transgénicos juega en contra de las empresas alimentarias

Un estudio concluye que no etiquetar los alimentos transgénicos juega en contra de las empresas alimentarias, estas pueden perder cuota de mercado por la desconfianza que generan en los consumidores.

EstudioThe Hartman Group

Cada vez son más los consumidores que evitan los organismos modificados genéticamente en la alimentación, por ello los fabricantes de alimentos que no etiqueten sus productos detallando si están libres o no de transgénicos, corren el riesgo de perder la confianza de los consumidores y por tanto se enfrentan a una reducción de ventas en favor de las empresas que sí etiquetan sus productos, así se concluye en la investigación Organic & Natural 2014 realizada por The Hartman Group, empresa consultora que realiza investigaciones y análisis de mercado.

Según la investigación realizada por esta consultora, cuatro de cada diez consumidores aseguran que evitan o reducen en la medida de lo posible adquirir alimentos que contengan materias primas modificadas genéticamente. Por otro lado se desprende que se ha producido un incremento de un 23% de consumidores que están adquiriendo alimentos no transgénicos. La razón principal para evitar este tipo de alimentos es la preocupación del 71% de los encuestados por el posible impacto que estos alimentos puedan tener en la salud y el bienestar. Un 48% de los consumidores quieren evitar los alimentos modificados genéticamente porque quieren saber qué es lo que están adquiriendo, básicamente reivindican su derecho a saber sobre los alimentos que se consumen.

El informe Organic & Natural 2014 concluye que no etiquetar los alimentos transgénicos juega en contra de las empresas alimentarias, también juega en contra el hecho de no etiquetar con el mensaje libre de materias primas modificadas genéticamente, ya que genera dudas y los consumidores se decantan por los productos de las empresas que sí incluyen estos mensajes. Parece ser que muy pocos consumidores pueden identificar esos posibles problemas para la salud o el riesgo de posibles enfermedades asociadas a los alimentos transgénicos, a pesar de que la preocupación por la salud sea el principal argumento, por lo que se sugiere que ese problema relacionado con la salud en realidad es la preocupación por la falta de transparencia de la industria alimentaria.

El temor a lo desconocido es lo que está impulsando la actitud de los consumidores, en el informe se destaca que el 66% de los estadounidenses apoya el etiquetado transparente que muestre si un alimento contiene materia prima transgénica de forma obligatoria, por otro lado, casi la mitad de los encuestados están de acuerdo en que se prohíba el uso de transgénicos en la alimentación. Merece la pena recordar que en muchas iniciativas que perseguían aprobar por votación una legislación que obligue a la identificación de los alimentos transgénicos han fracasado, por lo que se puede decir que los datos de este estudio contrastan con la realidad de lo que está ocurriendo en Estados Unidos.

El caso es que crece la venta de aquellos alimentos que se identifican como libres de transgénicos, no se ha logrado que se identifiquen aquellos productos que contienen materias primas modificadas genéticamente y esto ha impulsado la venta de alimentos con la etiqueta “libre de transgénicos”. En este sentido, merece la pena recordar esta investigación desarrollada por Organic Monitor, una empresa especializada en la investigación del mercado de productos sostenibles. Según los resultados de su estudio, la lucha del etiquetado transgénico está impulsando el mercado de los alimentos ecológicos. Las derrotas para lograr una legislación que obligue a etiquetar los alimentos han dado alas a la industria de los alimentos ecológicos y de aquellas empresas que certifican que no utilizan materias primas modificadas genéticamente.

Estudio Hartman Group

Desde que empezaron a identificarse los alimentos libres de transgénicos, se ha visto un especial interés por algunas empresas para seguir esta línea de actuación, hasta el punto de que cada mes se verifican y certifican una media de 500 a 600 productos alimentarios. Los consumidores se sienten atraídos por la certificación “no transgénicos” porque les ofrece transparencia y pueden adquirirlos sabiendo cuál es su composición. Ante este panorama, es lógico deducir que aquellas empresas que no sean más transparentes puedan terminar perdiendo la confianza de los consumidores. Si realmente no existen problemas con los alimentos transgénicos, ¿por qué no identificarlos?, ¿por qué no permitir que el consumidor pueda ejercer su derecho a saber y elegir según sus convicciones? Quizá el etiquetado transgénico podría jugar al final a favor de la industria alimentaria, los secretismos y la negativa a dar la información hacen sospechar a los consumidores, de ahí que se cierren en banda y prefieran adquirir los alimentos certificados libres de transgénicos.

The Hartman Group asegura en su informe que las preocupaciones por los organismos modificados genéticamente amenazan con una pérdida de ventas de los fabricantes que no ofrecen una certificación “libre de transgénicos”, cada vez son más los consumidores que buscan la certificación en los productos, elemento que les proporciona seguridad y con el que pueden ejercer su derecho a saber sobre los alimentos que adquieren. Pero hay algo más, dentro de esta certificación se realiza una discriminación, si el sello procede del USDA (Departamento de Agricultura de Estados Unidos) genera menos confianza que si se trata de una certificación procedente de un organismo independiente, esto delata que los consumidores no confían en los organismos estadounidenses, algo lógico.

En la investigación se destaca que es necesario ofrecer mayor transparencia y educación, los transgénicos se relacionan conlos secretismos, muchos consumidores no lo entienden y esa falta de comprensión genera desconfianza. Basta con saber que sólo el 52% de los consumidores encuestados dicen saber qué son los transgénicos, el 30% considera que es probable que la mayoría de los cultivos son modificados genéticamente, y sólo un 28% de los consumidores saben qué alimentos pueden contener materia primas transgénicas. En definitiva, el desconocimiento provoca desconfianza y daña la reputación de la industria alimentaria en general, sobre todo de quienes no quieren colocar una u otra certificación.

El estudio concluye que la solución más sencilla sería etiquetar los alimentos transgénicos a fin de acabar con la desconfianza y los temores de que las empresas se oponen a ello porque ocultan algo. Podéis acceder al estudio a través de este artículo publicado en la página oficial de Hartman Group.

Foto 1 | Brian Griesen

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