La globalización del mercado alimentario aumenta el riesgo de crisis alimentaria

Una investigación concluye que la dependencia de los alimentos que producen otros países es un factor de riesgo de crisis alimentaria, es una de las consecuencias provocadas por la globalización del mercado alimentario.

Globalización alimentaria

Un estudio desarrollado por expertos de la Universidad de Virginia (Estados Unidos), concluye que la globalización del mercado alimentario ha provocado que el suministro de alimentos sea más susceptible a las fluctuaciones ambientales y de mercado, por lo que aumenta el riesgo de crisis alimentaria. Se apunta además que el equilibrio de la oferta mundial de alimentos se vuelve cada vez más inestable a medida que aumenta la población y la demanda.

Los expertos explican que durante las últimas décadas se ha intensificado el comercio internacional de alimentos, así como el número de países que dependen de las importaciones alimentarias. Las crisis alimentarias han surgido a consecuencia de la globalización alimentaria, han aparecido problemas en las producciones locales de alimentos, se adquiere el mismo producto que se produce en el país a otros países, dejando a un lado el producto nacional, se adoptan nuevas políticas regionales o nacionales en cuestiones de comercio y energía, etc.

El estudio ha analizado los parámetros citados con el fin de poder evaluar cómo influye el comercio internacional en la seguridad alimentaria mundial, se concluye que depender de la comercialización de alimentos de otros países ha provocado que el sistema alimentario a nivel mundial pierda la capacidad de recuperación y sea más inestable y susceptible a las condiciones de crisis. En la investigación se evaluó la disponibilidad del suministro de alimentos en más de 140 países con poblaciones superiores al millón de habitantes, y se ha constatado que los problemas de seguridad alimentaria son cada vez más sensibles a pequeños cambios como el crecimiento de la población.

La demanda de alimentos a nivel mundial es cada vez mayor, por lo que también se incrementa la presión en los recursos cada vez más limitados, como las tierras de cultivo y el agua del planeta, en dicha presión se sustenta la preocupación por la seguridad alimentaria a nivel mundial, así como la sensibilidad a las perturbaciones causadas por las fluctuaciones ambientales, las políticas comerciales y la volatilidad de los mercados. Se pueden citar muchos ejemplos ¿cómo influye en el mercado mundial una mala cosecha de trigo en Rusia? ¿Qué ocurre cuando un país productor de un determinado alimento, está importando el mismo alimento de otros países?, véase el caso de la patata española y la patata francesa.

Lo cierto es que durante las últimas décadas se ha incrementado notablemente la dependencia de los alimentos que se producen en otros países, algunos son conscientes de ello y quieren cambiar la situación, se puede citar el caso del Reino Unido, en el año 2013 se anunciaba un plan para reducir la dependencia alimentaria, la idea era reducir las importaciones de alimentos y bebidas, y aumentar el consumo de productos elaborados en el país, de ello hablábamos aquí. Según los expertos del estudio, una cuarta parte de los alimentos que comemos están disponibles gracias al comercio internacional, esta globalización alimentaria puede contribuir a la propagación de los efectos de las perturbaciones locales en la producción de alimentos a nivel mundial.

Como información complementaria sobre el tema de la globalización, merece la pena leer este post en el que Jerry Mander, presidente del Foro Internacional sobre la Globalización, habla sobre la globalización alimentaria y los medios de comunicación. El experto explica el control que los medios ejercen sobre los consumidores y su capacidad de decisión, concluye que la globalización de la producción de alimentos es una de las causas por las que el hambre aumenta en el mundo.

Volviendo a la investigación de los expertos de la Universidad de Virginia, uno de los máximos responsables de la investigación, el Profesor Paolo D’Odorico, explica que utilizó un modelo informático que barajó datos sobre registros demográficos específicos de cada país, la producción alimentaria y los datos de comercio de los últimos 25 años, con el propósito de evaluar la estabilidad y la reactividad de la relación entre la dinámica de la población y la disponibilidad alimentaria. El software reconstruyó la red global alimentaria entre los años 1986 y 2011, teniendo en cuenta las limitaciones de la disponibilidad de alimentos a través de las producciones nacionales y el comercio exterior, también utilizaron un modelo del crecimiento poblacional. Con toda esta información, analizaron la respuesta a las perturbaciones como las fluctuaciones ambientales y de mercado.

Los resultados muestran mayor complicación para acceder a los alimentos y mayor riesgo de que se produzca una inestabilidad, siendo los países que dependen en gran medida del suministro de alimentos proporcionado por otros países, los que son más susceptibles de sufrir las consecuencias de los problemas que puedan tener los países exportadores. Con todos los datos obtenidos, los investigadores concluyen que a medida que la globalización alimentaria se incrementa, algunos países son más susceptibles de tener que afrontar una crisis. Quizá es necesario, en lo que respecta a la producción de alimentos a nivel nacional, volver a los tiempos del proteccionismo e intentar alcanzar la autosuficiencia alimentaria para evitar sufrir las consecuencias de estas crisis.

¿Cuántos alimentos producimos en España que son de calidad, y sin embargo en los mercados encontramos los mismos alimentos producidos por terceros países?, una de las consecuencias es el abandono de las producciones a nivel nacional, incrementando aún más la dependencia alimentaria de terceros países, si estos países tienen algún problema, quienes sufrirán en mayor medida las consecuencias serán los consumidores españoles. El estudio es interesante, podéis conocer más detalles a través de este artículo publicado en la página de la Universidad de Virginia, y en este artículo publicado en la revista científica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences).

Foto | dumbonyc

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