Grasa y aceite de insecto, ¿un nuevo alimento?

En Holanda se lleva a cabo una investigación que tiene como objetivo aprovechar las grasas de los insectos para elaborar aceite que podría utilizarse con diferentes alimentos, productos de panadería, repostería, etc. Los investigadores consideran que hay que ir más allá y no centrarse sólo en el contenido proteínico de los insectos, explican que los aceites resultantes contienen ácido linoleico, ácido linolénico y ácido oleico, un conjunto de ácidos grasos esenciales que quiere poner en valor.

Perfil lipídico del aceite de insecto

Durante los últimos años se ha hablado de los insectos como una posible solución a las necesidades alimentarias mundiales de las próximas décadas, se ha estado analizando y estudiando el contenido proteínico que ofrecen, llegando a la conclusión de que es similar al de los alimentos cárnicos. Se han puesto en marcha estudios que tiene como finalidad demostrar lo deliciosos que pueden llegar a ser para intentar poner en valor las cualidades organolépticas de los insectos, e incluso se ha barajado la posibilidad de utilizarlos como alimento para los animales por el ahorro de recursos naturales que ello supondría.

Pero algunos investigadores consideran que no se ha analizado todo el potencial que ofrecen los insectos para alimentar a los seres humanos, explican que la mayoría de las investigaciones se han centrado en el aporte proteínico, dejando a un lado otros elementos tan importantes como por ejemplo la grasa y aceite de insecto, en su desarrollo están trabajando tres investigadores de la Universidad de Wageningen (Países Bajos).

Daylan Tzompa-Sosa es una de las responsables del estudio que ve en el aceite elaborado con insectos un excelente recurso para reducir la presión ejercida sobre el medio ambiente con el cultivo para hacer aceite de girasol, soja o palma, ya que ocupan grandes extensiones de terreno que podría destinarse a la producción de otros alimentos, además son cultivos que gastan un exceso de recursos naturales como por ejemplo el agua. La investigadora segura que es interesante saber que existen otras fuentes de grasa que son tan buenas como las obtenidas de los cultivos vegetales.

También argumenta que algunas empresas se han tomado en serio la obtención de proteínas a partir de los insectos, lo que conlleva a generar residuos como por ejemplo la grasa y el aceite, subproductos que se pueden utilizar perfectamente. En el estudio que se está llevando a cabo se pretende saber si la grasa que se obtiene de los insectos puede ser utilizada como un ingrediente en la elaboración de productos de repostería, panadería, helados, etc. La experta apunta que estas grasas contienen ácidos grasos Omega 3, por lo que no se pueden obviar, siendo un importante ingrediente de futuro.

De momento la investigación determina que no todos los insectos son válidos para obtener estas grasas, ya que es importante que tengan un buen aroma, sabor, consistencia, etc., de algunas especies de insectos se pueden obtener aceites aromáticos con notas afrutadas, con otras especies el aceite obtenido resultaría nauseabundo y no sería apto para la alimentación humana. Pero incluso este tipo de grasas de insecto se podría aprovechar, la investigadora comenta que se podrían aplicar en el sector industrial, por ejemplo como lubricantes. De nuevo hay que destacar los problemas con los que se encuentran este tipo de proyectos, si ya resulta difícil que los consumidores acepten la proteína de insectos, mucho más lo será el aceite.

Haciendo un pequeño paréntesis, algunos expertos y empresarios que se dedican a la elaboración de alimentos con proteínas de insecto, creen que lo más importante para superar los problemas y las ideas preconcebidas sobre el hecho de comer insectos, es acercarlos a los consumidores, que los prueben y que puedan apreciar lo deliciosos que pueden ser. Hay que citar el libro ‘La comercialización de insectos comestibles, cómo comercializar lo imposible’, en él se sugieren distintas estrategias que podrían facilitar la normalización del consumo de los alimentos elaborados con proteínas de insectos, haciendo que fuera generalizado y no como algo exclusivo de unos pocos occidentales. En el libro se ofrecen claves sobre cómo educar a los consumidores, la forma en la que se pueden cocinar o las claves para que tras el procesamiento, el producto final no se asemeje a lo que son los insectos, ya que su imagen es lo que menos agrada.

Hablar de los insectos como fuente de proteínas que ayudarían a alimentar a la creciente población y reducir el consumo de carne puede tener sentido, recordemos que algunos expertos como Jeremy Rifkin, consideran que la carne es el alimento menos eficiente para alimentar a la humanidad. Pero no tiene tanto sentido hablar del aceite de insecto, ¿elegirían los consumidores este tipo de aceite en vez del aceite de oliva virgen extra o de otros tipos de aceite? Es difícil creerlo. Los investigadores Daylan A. Tzompa-sosa, Liya Yi y Hein J.F. Van Valenberg parecen pretender convertir a los insectos en los cerdos del siglo XXI, ya sabemos que se dice que del cerdo se aprovecha todo.

Según leemos aquí, el aceite de insecto está a medio camino entre la grasa vegetal y la grasa animal, no está libre de colesterol como lo pueden ser algunos aceites vegetales, ni es tan saturado como la grasa animal. Su contenido en ácidos grasos Omega 3 tampoco es comparable con los presentes en el pescado. La investigadora responsable del proyecto ha demostrado que este tipo de aceites contienen ácido linoleico, ácido linolénico y ácido oleico, un conjunto de ácidos grasos esenciales que quiere poner en valor.

La investigación se encuentra en una primera fase, todavía se deben realizar numerosas pruebas y experimentar sobre diferentes modelos de extracción de la grasa de insecto, por otro lado, también se deberán caracterizar física y químicamente los aceites que se obtengan. A través de este enlace (Pdf) podréis conocer la investigación que se está realizando sobre las grasas obtenidas de los insectos y su perfil lipídico.

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