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El control corporativo de los alimentos

Una docena de grandes compañías controlan la mayor parte de los alimentos del mundo, se trata de un control corporativo que afecta a pequeños productores, consumidores, política, etc. Ante esta situación, organizaciones como Food & Water Watch trabajan para construir un movimiento con suficiente poder político para poder cambiar las reglas que han impuesto las corporaciones alimentarias para controlar los alimentos que se producen y que consumimos.

Compañías alimentarias más importantes del mundo

Un grupo reducido de compañías controla la mayor parte de los alimentos que se comercializan en el mercado, esto significa que en cierto modo toman las decisiones sobre lo que comemos, es lo que se denomina el control corporativo de los alimentos. Podemos encontrar miles de marcas que parecen ser independientes, sin embargo, si buscamos información, al final podemos comprobar que la mayoría pertenece a unas pocas multinacionales, y esto afecta a los consumidores, al medio ambiente, a las comunidades agrícolas, a la política, etc. Esto es lo que explica Wenonah Hauter, Directora ejecutiva de Food & Water Watch, organización que vela por los intereses de los consumidores estadounidenses, trabajando para crear un futuro saludable para las actuales familias y las generaciones venideras, para que todas las personas tengan acceso a los recursos que necesitan, alimentos saludables, agua potable, energía sostenible, etc.

El control corporativo o la monopolización alimentaria ha provocado muchos problemas en el sistema alimentario, muchas de las políticas que se desarrollan en los países favorecen a estas compañías, a esto hay que sumar la falta de supervisión de los gobiernos, que permiten que se lleven a cabo fusiones en la industria alimentaria y agrícola que agravan aún más la situación. Un ejemplo es Monsanto, ahora esta compañía posee un elevado número de empresas que se dedican a la comercialización de semillas y que antaño fueron sus competidores.

Con las empresas de alimentación ha sucedido algo parecido, en el caso de la venta de galletas, tan sólo dos empresas controlan el 60% de las galletas que se comercializan en Estados Unidos, si hablamos de cereales para el desayuno, casi el 80% de los productos los controlan cuatro empresas. A la hora de elegir entre dos marcas de cereales en el supermercado, da igual la que se elija, seguro que ambas pertenecen a la misma compañía. Lo peor de la falta de competencia es la capacidad de estas compañías para mejorar sus ganancias a través de prácticas como el control del precio de las materias primas, son quienes dictan a qué precio deben vender los agricultores, determinan las condiciones de pago y otras cuestiones, a agricultores y ganaderos no les queda más que aceptar si quieren seguir trabajando, ya que de lo contrario difícilmente podrán seguir ejerciendo su actividad.

Corporaciones alimentarias

Wenonah Hauter explica que gracias a este poder, compañías como Nestlé (compañía multinacional agroalimentaria más importante del mundo), Cargill (mayor corporación estadounidense dedicada a la compra, venta, procesado y distribución de mercancías agrícolas), PepsiCo (segunda compañía de alimentación del mundo) o Smithfield (empresa más grande del mundo en la producción y procesamiento de la carne de cerdo), son responsables del actual sistema alimentario y maximizan sus beneficios a costa de los consumidores, de los agricultores y del medio ambiente.

Este tema lo trata la Directora ejecutiva de Food & Water Watch en su libro Foodpoly (bajo estas líneas podéis ver la presentación del libro), resultado de un conocimiento profundo de la agricultura estadounidense, de la producción alimentaria, de la historia y de diversos informes. En este libro se habla de las empresas que están detrás de las verduras, las carnes, la leche y el grano que la mayoría de los ciudadanos del país consumen, incluidos alimentos que comercializan marcas ecológicas. Se habla de cómo los grupos de presión han secuestrado la política agrícola y han logrado arrinconar a los agricultores independientes y a los procesadores alimentarios en favor de grandes compañías como ConAgra, compañía que fabrica y comercializa productos alimentarios bajo diferentes marcas disponibles en supermercados y en otros comercios dedicados a la alimentación.

En Food & Water Watch hablan de los alimentos transgénicos como otra forma de control corporativo, explican que no son la solución para los problemas de alimentación del mundo, en realidad el objetivo es el control del sistema alimentario y los beneficios que ello conlleva. La mayor parte de la soja y el maíz que se produce en Estados Unidos es transgénico, no contribuyen a mejorar la seguridad alimentaria o abordan determinados problemas de nutrición, pero sí son una fuente alimentaria ideal para abastecer a las granjas industriales y elaborar alimentos procesados, siendo una forma de monocultivo que “esclaviza a los agricultores”, ya que además de depender de las semillas, también dependen de los productos fitosanitarios y otras herramientas que empresas como Monsanto han desarrollado.

Según Wenonah Hauter, el poder de estas compañías afecta a la democracia. Para estas corporaciones, por encima de todo es fundamental mantener un sistema alimentario rentable, siendo lo suficientemente importantes como para influir en las decisiones políticas a fin de que no afecten a sus modelos de trabajo. Apunta que cuando la influencia corporativa da forma a la política, las ganancias económicas están siempre por delante de los intereses de los consumidores y de la población en general. Reconoce que los problemas son grandes y que, aunque se apoye a las prácticas agrícolas y alimentarias coherentes con el dinero que gastamos en los alimentos que producen pequeñas empresas, o cambiemos nuestro modo de alimentarnos, no se arreglará el actual sistema alimentario.

Actualmente Food & Water Watch trabaja para lograr un cambio, intenta construir un movimiento con suficiente poder político como para cambiar las reglas que han impuesto las corporaciones alimentarias para controlar los alimentos que consumimos, tarea que parece imposible de llevar a cabo. Es cierto que la mayor parte de las marcas de alimentación de todo el mundo están en manos de una decena de compañías, y para muchas personas es algo que daña la competencia de los mercados y la capacidad de elección de los consumidores.

Cambiar esto es algo imposible, pero se puede luchar para que estas compañías trabajen de un modo más eficiente y responsable, merece la pena dar un vistazo al ‘Informe Detrás de las Marcas 2015’, informe elaborado por Oxfam que tiene como finalidad intentar cambiar el modo en el que las empresas alimentarias hacen negocio con sus productos. A través de este informe podemos saber que ocho de las diez grandes compañías alimentarias multinacionales han mejorado sus políticas en seguridad alimentaria y sostenibilidad durante el último año, quizá esa es la línea en la que hay que seguir trabajando.

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