Microplásticos y nanoplásticos en los alimentos marinos

La EFSA recomienda poner en marcha investigaciones sobre los microplásticos y nanoplásticos en los alimentos marinos, especialmente en crustáceos y moluscos bivalvos, para poder evaluar los riesgos de la exposición humana a estos materiales. La principal preocupación es la exposición a contaminantes como los bifenilos policlorados (PCB) y los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) que se pueden acumular en los microplásticos y nanoplásticos.

Contaminación de los alimentos marinos por partículas de plástico

La EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea) ha decidido dar un primer paso para realizar una evaluación de los riesgos potenciales que pueden tener los microplásticos y nanoplásticos en los alimentos marinos para los consumidores, especialmente en los crustáceos y moluscos bivalvos, ya que es habitual que se ingiera su tracto digestivo, cosa que no sucede con los peces y otros alimentos marinos, donde estómago e intestinos se retiran cono norma habitual.

Parece ser que los expertos han revisado la literatura científica existente sobre este tema y hay muy poca información sobre cómo llegan estos materiales a los alimentos, su nivel de toxicidad y sus efectos en el ser humano, y se considera que los nanoplásticos requieren una atención especial para conocer qué ocurre cuando el ser humano ingiere alimentos que contienen estos elementos. La revisión que ha realizado la EFSA ha permitido poder diseñar un plan de trabajo para intentar eliminar esas lagunas de falta de conocimiento y realizar recomendaciones sobre las prioridades que se tienen que tener en cuenta para futuras investigaciones.

Los microplásticos primarios son aquellos materiales plásticos que se han fabricado originalmente para que sean de un tamaño de entre 0,1 y 5.000 micras. Los microplásticos secundarios son los resultantes de la fragmentación y se denominan nanoplásticos, estos elementos también pueden tener su origen en los materiales de ingeniería y su tamaño varía entre 0,001 y 0,1 micras. Merece la pena recordar este estudio desarrollado por el Laboratory of Estuarine and Coastal Research, en el que se concluía que la sal marina que se comercializa en China está contaminada con partículas de microplástico. A partir de los resultados, se barajaba la hipótesis de que la sal marina que se comercializa en todo el mundo podría estar contaminada con elementos plásticos procedentes de las botellas de plástico fabricadas con tereftalato de polietileno (PET), polietileno, celofán y otros materiales plásticos.

Como ya hemos comentado anteriormente, los microplásticos o partículas de plástico están presentes en todos los mares y océanos del planeta, los expertos de la EFSA comentan que el mayor uso de materiales plásticos en el mundo ha provocado la creación de amplias zonas de residuos que flotan en los océanos, es lo que se denomina “sopa de plástico”. Pero el mayor riesgo no es la contaminación visible, sino estos microplásticos y nanoplásticos que representan un riesgo para la vida marina y también para el ser humano. Como información complementaria y para tener una idea del problema de la contaminación de los mares con materiales plásticos, os invitamos a ver el documental titulado ‘Océanos de Plástico’.

Botellas vacías y otros artículos plásticos de desecho se fragmentan poco a poco para convertirse en minúsculas partículas que con el tiempo se transforman en microplásticos y nanoplásticos. Aunque no existen datos sobre los nanoplásticos en los alimentos, sí que los hay sobre los microplásticos, éstos están presentes en altas concentraciones en alimentos marinos como los peces, pero suelen concentrarse en el estómago e intestinos, y como ya hemos comentado, en este caso se suelen retirar y los consumidores no están expuestos a ellos. Pero en el caso de los crustáceos y moluscos bivalvos en los que ‘se come todo’, sí existe exposición del ser humano a estos materiales.

De momento no se sabe si son perjudiciales para los seres humanos, la EFSA considera que es pronto para decirlo y es necesario que se lleven a cabo investigaciones que puedan dar respuesta a esta pregunta, aunque cree que parece poco probable, al menos en lo que respecta a los microplásticos. La principal preocupación reside en la concentración de contaminantes como los bifenilos policlorados (PCB), compuestos organoclorados tóxicos que acceden a los seres humanos a través de la inhalación y los alimentos, especialmente los marinos. Este compuesto entra en la cadena alimentaria a través del plancton, que lo asimila desde los sedimentos marinos, y como ocurre con la mayoría de contaminantes, van pasando a lo largo de la cadena alimentaria del ciclo medioambiental, el plancton es ingerido por moluscos y peces pequeños que a su vez son alimento de peces más grandes y así hasta llegar al hombre. Podemos comprobar que este proceso es muy similar al que se produce con el metilmercurio.

Los expertos comentan que también se pueden encontrar residuos de los compuestos utilizados en el envasado, como por ejemplo el bisfenol A (BPA), este material es utilizado para fabricar plástico policarbonado, elemento resistente a los golpes y utilizado habitualmente en la fabricación de diversos productos cotidianos, muchos de los recipientes con bisfenol A están destinados a la alimentación. Algunos estudios sugieren la posibilidad de que al ser consumido el BPA por los animales marinos, pase a los tejidos, de ahí que sea necesario estimar la ingesta media tolerable.

El tema de los nanoplásticos es motivo de preocupación, ya que se sabe que las nanopartículas que se crean con ingeniería pueden introducirse en las células humanas, por lo que pueden tener consecuencias para la salud humana, pero como comentan los expertos de la EFSA, es necesario investigar para obtener más datos. La agencia explica que una ración de 225 gramos de mejillones puede contener unos 7 microgramos de microplástico, si este material tuviera las concentraciones más elevadas de BPA o PCB, contribuiría a la exposición humana en el peor de los casos en un 0’01% de PCB y menos de un 2% de BPA.

La EFSA ha dado un primer paso para una futura evaluación de los riesgos potenciales para los consumidores de estos microplásticos y nanoplasticos en los alimentos, se plantea llevar a cabo una investigación que determine cómo llegan estos elementos a los alimentos marinos y su nivel de toxicidad, este último dato es muy importante por lo que ya hemos comentado, los nanoplásticos pueden penetrar en los tejidos y posteriormente acceder a las células.

Este tipo de investigaciones son lentas y largas, así que aún tardaremos en conocer los resultados, sobre todo sabiendo que tan sólo se ha realizado una propuesta de investigación. Podéis conocer más detalles sobre los planes de la EFSA a través de este artículo publicado en la página de la agencia.

Foto | Jlastras

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