Arallo Taberna, cocina contaminada de influencias

La taberna Arallo se sale de la esencia atlántica de sus establecimientos hermanos, como el Restaurante Alborada de A Coruña o Ánima y Alabaster de Madrid, todos pertenecientes al grupo Amicalia y dirigidos por el cocinero Iván Domínguez, por eso se define como una cocina contaminada, porque es una cocina viajera en la que se aprecia la fuerte influencia de la gastronomía asiática. Cenamos en esta taberna en nuestro último viaje a Galicia, así que os contamos cómo lo vimos y qué comimos.

Cocina Contaminada

Arallo es el nombre de una taberna que se encuentra en la Plaza María Pita de A Coruña, una buena ubicación para un concepto hostelero particular que pertenece al Grupo Amicalia, del que forman parte los restaurantes Alborada (A Coruña), Ánima (Madrid) y Alabaster (Madrid). Uno de los eslóganes de este grupo hostelero es ‘realismo atlántico’, así os lo hicimos saber cuando compartimos con vosotros nuestra experiencia en el Restaurante Alborada, es una corriente gastronómica que comparten, al parecer (no hemos visitado todos los locales), todos los establecimientos excepto Arallo Taberna.

Es la niña rebelde del grupo, en su cocina se fusionan las culturas culinarias de distintos países, con una especial y destacada presencia de la cocina asiática. Por eso, en Arallo Taberna no hay cocina atlántica, es cocina contaminada, contaminada de influencias, de sabores, de texturas… La dirección gastronómica de esta taberna está también en manos de Iván Domínguez, y cuenta con un equipo muy preparado para hacer que los clientes pasen un ratito agradable, ‘para eso te molestas en venir’, declaran.

El equipo de Arallo Taberna está formado por cocineros, no hay camareros porque son los propios cocineros los que sirven los platos. Y no es que tengan que salir a sala, la taberna es un único espacio en el que conviven cocineros y comensales, y lo hacen en una larga barra que comparten todos los comensales, sentados en sus taburetes o de pie, y a uno de los lados de la barra está la cocina que dirige Cristian Santiago Breijo (a la izquierda, en la foto de la galería), a quien conocimos junto a Iván Domínguez en Casa Marcelo, y que también ha estado en los fogones del Restaurante Alborada.

El concepto de taberna es un poco confuso en la actualidad, pero de lo que no hay duda es de que debe ser un lugar informal, para poder disfrutar de la comida sin ningún tipo de etiquetas. Hay muchos tipos de tabernas, así que os vamos a contar como es la taberna Arallo. Además de una cocina-comedor, y una única mesa que hay que compartir (y que se llena), tiene una carta muy concreta y con limitaciones que a muchos pueden sorprender.

Para pedir la comida se dispone de una carta a modo de folleto en el que se marca con una cruz lo que se quiere pedir. Esta carta se clasifica en platos, cuya idea es que compartan entre las personas del mismo grupo, tales como Frío, Vapor, Brasa, Fritura y Guiso, en cada categoría hay cuatro o seis platos a elegir, excepto en el guiso, que sólo hay uno. Luego está la carta de bebidas, y aquí la primera sorpresa, sólo hay dos vinos, blanco y negro, pero de la tierra. Luego hay cuatro cervezas de la misma cervecera, agua y refrescos y tres cócteles. No hay postres ni café (en las fotos podéis ver el mensaje #ocafénacasa, el café en casa).

Cocina Contaminada

Tiene que haber rotación para que el local sea rentable, y también para que todo el producto que se cocina sea fresco, de hecho, no tienen grandes cámaras para poder guardar, todo lo que hay, es lo que se ve. Así que a esta taberna se va simplemente a comer, y no se aceptan reservas, pero como hay rapidez en la cocina y no hay entretenimientos en la mesa, es factible esperar tu turno. Se forman colas para entrar a comer, pero ordenadas, porque para ello disponen del típico sistema de números de las carnicerías, para pillar taburete.

Así que este concepto de taberna funciona, y eso que está fuera de Madrid. Y es que aunque carezcan de ciertos servicios, la comida está muy buena, y además es una oferta diferente que a muchos gusta probar y a otros tantos repetir de vez en cuando. Para que os hagáis una idea de los platos que se pueden degustar, bajos estas líneas podéis ver la galería de fotos de los que tomamos nosotros. Por cierto, los cubiertos y palillos (desechables) están en la mesa, junto a las servilletas y las cartas, para que se sirva uno mismo.

Empezamos con el Tartar de jurel y sopa de tomate-guindilla, un plato equilibrado en cuanto a sabor, textura y frescor, quizá la guindilla no estaba muy presente, pero entendemos que nosotros somos muy amigos del picante. Buen producto, y un disfrute de ‘sopa’ para tomar a cucharadas. Continuamos con unas Empanadillas de chocos en su tinta que estaban muy sabrosas, mucha masa en el rizo de la empanadilla, pero rica también, aunque la estrella del bocado es el guiso de chocos que te lleva al mar.

Aunque los guisos como tal no tienen mucha presencia en la carta, sí están en las frituras, como las empanadillas, y en las preparaciones al vapor, como el Dim Sum de ternera con miso y apio, con una puntita de sambal que debería ser picante, con el que seguimos llenando el carrillo. Sabroso, jugoso y con una muy buena textura de la masa. Siempre nos alegra apreciar positivamente el apio cuando cae en manos de este cocinero gallego, lo incorpora con acierto, y aunque parezca una tontería, es que no nos gusta el apio.

Cocina Contaminada

Y antes del plato fuerte tomamos unas Gyozas de pato con navajas y endibias que regalaban un juego de texturas al paladar, y de sabores, con matices de hojas varias, básicamente amargas, así como con gajos de naranja sanguina. La Costilla de vaca gallega, con su brócoli incluido (que poco se ve esta verdura en los restaurantes), estaba ‘de llorar’, cocinada durante la noche a baja temperatura en el Josper, se deshacía en la boca impregnando el paladar del sabor de una buena carne gallega y de sus jugos.

¿Volveríamos?, sí, a comer, y a probar todos los platos de la carta, y algunos a repetirlos. Aunque no podamos elegir el vino, el que acompañó a esta cena, el tinto de Ribeiro (de la variedad de uva Sousón), estuvo muy bien. Se puede echar de menos el postre, o el café, según el día. Pero si vas a Arallo Taberna sabes a lo que vas, ahí está (y pronto también en Madrid), y si quieres un menú de principio a fin y con sobremesa, hay muchos restaurantes.

Sobre el precio medio de una comida o cena en Arallo Taberna, puede rondar los 30-40 euros por comensal, pues hay platos a precios muy dispares, desde los 2’50 euros de empanadillas, croquetas, volandeiras… a los cerca de 20 euros que cuesta el tuétano con picada de ternera, pero la mayoría no supera los 10 euros.

Arallo Taberna
Plaza María Pita, 3 15001 A Coruña
Mail: hola@arallotaberna.com

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