La industria láctea debería centrarse en la innovación y dejar de vigilar al sector de las bebidas vegetales

Según David Sprinkle director de Packaged Facts y autor del libro ‘Terminology Tempest in the Dairy Case’, la industria láctea debería centrarse en la innovación y en el desarrollo de productos que satisfagan las necesidades y exigencias de los consumidores, en lugar de vigilar al sector de las bebidas vegetales, litigando para que no utilicen los términos lácteos.

Leches vegetales

Durante los últimos años la industria láctea se ha centrado en vigilar al sector de las bebidas vegetales luchando para que no utilice los términos lácteos de ningún modo a fin de evitar que se robe la identidad y el prestigio de la leche. La razón de ello es el auge imparable del consumo de las bebidas y alimentos vegetales, que se presentan como una alternativa más saludable a los productos lácteos, llegándose a considerar al sector como una “amenaza grave”.

De este tema ya hemos hablado en varias ocasiones, por ejemplo, en este post sobre una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la imposibilidad de que los alimentos y bebidas vegetales no pueden utilizar términos lácteos para su comercialización, o en este otro sobre las iniciativas de la industria láctea y derivados de Estados Unidos para frenar al sector de las bebidas vegetales. Pues bien, según el director de una de las principales editoras de estudios de mercado, Packaged Facts, la industria láctea debería centrarse en la innovación y dejar de vigilar al sector de las bebidas vegetales.

Packaged Facts es una empresa que desde la década de los 60 se ha dedicado a recopilar datos de investigaciones de mercado de los productos de consumo, arealizar análisis y pronósticos competitivos para el desarrollo de nuevos productos, así como a la comercialización de productos ya existentes para las agencias de publicidad. Su director comenta que desde el año 2013 la legislación comunitaria (que podéis leer aquí) determina que el uso de los términos lácteos está restringido a productos de origen animal, pero su aplicación es algo laxa y las infracciones suelen tratarse caso por caso.

Un ejemplo es la citada sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea por un litigio entre una asociación alemana que lucha contra la competencia desleal y una empresa dedicada a la fabricación y comercialización de productos alimenticios derivados de las plantas, pero también se puede citar el caso de la demanda presentada en Alemania contra una empresa que elabora productos veganos por utilizar la descriptiva ‘queso de soja’, según la empresa demandante, inducía a error a los consumidores y violaba la denominación protegida de un producto, en este caso del queso.

Este tipo de sentencias eran bien recibidas por la European Dairy Association (Asociación Láctea Europea), mientras que la EVU (Unión Vegetariana Europea) consideraba que el veredicto tiene poco que ver con la protección del consumidor. El caso es que David Sprinkle, director de Packaged Facts y autor del libro Terminology Tempest in the Dairy Case, comenta que esta es en realidad una batalla por el espacio de las estanterías de los supermercados y por el dinero de los consumidores, es decir, es puramente algo económico. Si la industria de las bebidas vegetales utilizara estos términos lácteos pero no tuviera el auge que tiene, la industria láctea no se habría preocupado ni llevado a cabo litigios y acciones contra el sector de las alternativas vegetales, algo que ciertamente ha ocurrido durante muchos años cuando no se consideraba una amenaza.

Industria láctea

Packaged Facts comenta que el propósito esencial de los estándares de identidad alimentaria es proteger a los consumidores de comprar productos que no son lo que dicen ser, por ejemplo los productos adulterados como los que han realizado con ingredientes sustitutivos de calidad inferior y en ocasiones inseguros, algo que sí afecta y deshonra a la industria láctea en cualquier mercado. Pero los tiempos han cambiado, los productos de soja ya no son imitaciones y sustitutos, las bebidas vegetales (denominadas ‘leche’ por la mayoría de consumidores), como las de almendra, avellana, coco, soja, avena, etc., son productos populares que tienen derecho a ser adquiridos por los consumidores que quieren evitar la leche y productos lácteos. David Sprinkle comenta que es difícil, por no decir imposible, que los consumidores sean tan incautos como para comprar “queso de soja” que está etiquetado como un producto 100% vegetal, creyendo que se trata de un producto de origen animal.

Este argumento tiene aún más base de lo que podamos creer, ya que los consumidores de este tipo de productos alternativos tienden a ser meticulosos y prestan mucha atención a lo que se indica en las etiquetas alimentarias, algo que no ocurre con los consumidores de productos más generalistas. Leche y derivados lácteos difieren totalmente en composición de las bebidas y productos elaborados con plantas, el uso indebido de los términos propios del sector lácteo como un modo de proporcionar mayor comprensión a los consumidores sobre el tipo de producto, es el argumento utilizado por la industria láctea con un propósito distinto al de proteger la identidad, en realidad son cuestiones puramente económicas las que mueven a esta industria.

Recordemos que durante los últimos cinco años, en Estados Unidos la venta de la bebida de almendras ha experimentado un crecimiento del 250%, mientras que las ventas de leche de vaca han ido cayendo año tras año, incluso a pesar de que se redujo el precio de la leche con el propósito de recuperar cuota de mercado. Por tanto el consejo del analista es que la industria láctea se centre en su actividad y trabaje más en la innovación y en la calidad, en vez de convertirse en vigilantes de lo que realiza la industria de las bebidas alternativas, pues aunque se les prohíba el uso de términos lácteos, las previsiones muestran que seguirán creciendo en ventas ganando terreno al sector lácteo.

La industria debería dedicarse a producir leche y productos derivados de mayor calidad atendiendo al bienestar animal y a través de acciones como la alimentación de las vacas con pastos, reducir la liberación de gases que favorecen el calentamiento del planeta, desarrollar nuevos yogures probióticos que aporten un plus significativo a la salud, fabricar quesos artesanales y abandonar el modelo industrial, etc. Razón no le falta al director de Packaged Facts, el problema no es el uso de los términos lácteos, sino la falta de innovación y satisfacer las exigencias y demandas actuales de los consumidores. Podéis conocer más detalles sobre las conclusiones del analista, así como el acceso al libro blanco ‘Terminology Tempest in the Dairy Case’ que trata esta cuestión, a través de este artículo publicado en la página de Packaged Facts.

Foto 1 | JeepersMedia
Foto 2 | RichardBH

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