¿A qué juega el Parlamento Europeo con el glifosato?

El Parlamento Europeo anuncia que quiere que el glifosato esté prohibido para el año 2022, que se empiece por una eliminación gradual durante estos próximos cinco años para que el herbicida no sea utilizado en el ámbito no profesional. El PE pide la prohibición, pero no hay que olvidar que el año pasado estaba a favor de su autorización por un periodo de siete años, ¿a qué juega este organismo? Parece navegar entre dos aguas y lamentablemente no parece cumplir su papel como representación de los ciudadanos comunitarios.

Herbicida Glifosato

Hace un par de días podíamos saber que el Comité de Apelación de la Unión Europea votó a favor de la renovación del permiso de uso del glifosato en suelo comunitario por un periodo de cinco años. En la votación realizada se logró alcanzar la mayoría cualificada estipulada en un 65%, varios países que en anteriores votaciones se habían abstenido, votaban a favor del herbicida, cambio de postura que a muchas organizaciones y ciudadanos ha sorprendido tanto para bien como para mal, organizaciones como Copa y Cogeca recibieron la noticia con satisfacción pero con reticencias, ya que querían que el periodo de aprobación hubiera sido de 15 años y no de cinco.

El caso es que tras la aprobación de la renovación del uso del herbicida, el Parlamento Europeo se pronuncia y considera que el herbicida debería prohibirse para el 2022, quieren que se proceda a una eliminación inmediata en el ámbito no profesional y que se elimine de forma gradual hasta el año 2022, año en el que se debería aplicar una prohibición total. La pregunta que nos hacemos es ¿a qué juega el Parlamento Europeo con el glifosato?, recordemos que el año pasado manifestó que estaba a favor de renovar la autorización para el uso del glifosato con condiciones.

En este caso solicitaba que la ampliación del permiso de uso tuviera una duración de siete años y que se prohibiera su uso en parques públicos, parques infantiles y jardines, evitando su uso en los campos agrícolas poco antes del cultivo. Por otro lado, pedía a la Comisión Europea que se iniciase una revisión independiente sobre la toxicidad del herbicida, que no se basara exclusivamente en las posibles propiedades endocrinas disruptivas. Organizaciones como Greenpeace se pronunciaron indicando que los eurodiputados tenían la facultad de exigir fuertes restricciones en el uso del glifosato, pero estas restricciones no podían proteger completamente a las personas y al medio ambiente.

En las decisiones de la Unión Europea intervienen tres instituciones, la Comisión Europea que en teoría defiende los intereses de la UE en conjunto, pero obvia la decisión individual de cada país, el Parlamento Europeo que representa los intereses de los ciudadanos de la UE, y el Consejo de la Unión Europea, organismo que representa a los países miembros a nivel individual. En este caso, el PE parece representar los intereses de dos bandos, ya que los ciudadanos le han trasladado su negativa al uso del glifosato, sin embargo, ha estado de acuerdo con la renovación del permiso de uso del herbicida, aunque ahora hable de prohibición.

Roundup en Europa

Vuelve a hacer hincapié para que se lleve a cabo un estudio que analice los efectos adversos del compuesto que no se han evaluado hasta el momento, en realidad debería apelar a uno de los principios fundamentales de la UE, hablamos del principio de precaución. Si existen indicios de posibles riesgos para la salud o el medio ambiente, no se debería autorizar el uso de ningún producto, en el caso del glifosato, se han realizado varios estudios independientes que apuntan que supone un peligro tanto para la salud humana como para el medio ambiente. Hasta que no se descartasen todos los posibles riesgos, el producto en cuestión no debería haberse aprobado, esos estudios que exigen, se deberían haber realizado antes de la votación y sus resultados deberían estar en conocimiento de todos los miembros del Comité de Apelación.

Se supone que el Parlamento Europeo representa los intereses de los ciudadanos, pero ha obviado acciones como la Iniciativa Ciudadana Europea para pedir la prohibición del uso del glifosato en la UE, que logró recoger 1’3 millones de firmas, así como la petición de otras organizaciones de consumidores para que se oponga a la renovación del permiso. Su postura debería haber sido acorde a lo que se supone que representa a pesar de que al final se aprobase el uso del glifosato, explicar todo lo que está en contra del herbicida, denunciar que las evaluaciones realizadas sobre el producto se han basado en revisiones patrocinadas por la industria, etc., no tiene sentido si inicialmente manifestó estar a favor de la renovación aunque fuera con condiciones.

En este comunicado del Parlamento Europeo encontramos todo tipo de información relacionada con supuestos engaños de Monsanto sobre el glifosato, supuestas tramas para manipular a investigadores y políticos para presionar a favor del glifosato, documentos de Monsanto que ha puesto en duda la credibilidad de varios estudios patrocinados por la compañía biotecnológica, estudios que formaron parte de las pruebas utilizadas por la EFSA y la ECHA para evaluar la seguridad del herbicida, etc. Una gran exposición, pero al final el PE no ha representado el papel que debía para con los ciudadanos comunitarios y no se ha opuesto firmemente a la renovación del permiso de uso. En definitiva, da la impresión de que este organismo intenta navegar entre dos aguas, pero no contenta ni a unos ni a otros.

Foto 1 | JeepersMedia
Foto 2 | James Almond

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