Microplásticos en las ostras de cultivo

Según los resultados de una investigación canadiense, existe una gran cantidad de microplásticos en las ostras de cultivo, tema que preocupa, ya que estos materiales plásticos pueden acumular oligoelementos, convirtiéndolos en una potencial fuente de metales tóxicos para las redes tróficas o cadenas alimentarias. Los expertos apuntan que el grado elevado de contaminación guarda relación con los equipos de acuicultura para la producción de ostras que integran polietileno de alta densidad.

Contaminación por microplásticos en las ostras

Periódicamente aparecen nuevas investigaciones sobre la contaminación con microplásticos y nanoplásticos, materiales que se ha demostrado que están presentes en los alimentos marinos que se destinan al consumo humano. Claro, que también se han encontrado en productos como la sal marina, el azúcar, la cerveza, el agua e incluso en la miel, los expertos comentan que a medida que profundicen en las investigaciones, posiblemente constaten la presencia de nanoplásticos en otros productos, demostrando que la contaminación es mucho mayor de lo que se pueda imaginar.

Volviendo a las investigaciones que se realizan sobre la presencia de estos materiales en alimentos marinos, un grupo de investigadores de la Universidad Simon Fraser de Canadá ha descubierto la presencia de microplásticos en las ostras de cultivo, concretamente en la zona investigada que está situada en la principal región del cultivo de estos bivalvos, la Columbia Británica, una de las trece entidades federales del país donde existe una gran cantidad de granjas de cultivo de ostras.

Según los expertos, las zonas del Lambert Channel y Baynes Sound de la Isla Denma, situada en el Estrecho de Georgia, entre la Isla de Vancouver y la costa pacífico de la Columbia Británica, están prácticamente inundadas con nanoplásticos y otros microplásticos que incluyen fragmentos y fibras. En esta zona existen unas 130 granjas de ostras, por lo que el problema suscita preocupaciones para la salud, aunque, de momento, no se ha podido determinar el modo en el que estos materiales pueden causar daños en los seres humanos, y tampoco se ha podido establecer un nivel de consumo seguro.

Algunas agencias reguladoras como la EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea) consideran que es poco probable que sean perjudiciales para los consumidores, aunque reconocen que existe un gran desconocimiento sobre el tema, por lo que la consideración no tiene fundamento si reconoce que existe un riesgo de exposición a contaminantes como los bifenilos policlorados (PCB) y los hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP) que se pueden acumular en los microplásticos y nanoplásticos.

Contaminación de las ostras con nanoplásticos

Volviendo a la investigación, los expertos han analizado docenas de muestras de sedimentos procedentes de 16 zonas situadas en los alrededores de la Isla de Vancouver para determinar la presencia de microplásticos y el nivel de contaminación. En esta tarea se utilizó una técnica desarrollada por la coautora del estudio, Tamara Kazmiruk, que consiste en un minucioso proceso de secado y caracterización de los pequeños trozos de sedimentos para, posteriormente, tamizarlos, tratarlos y pasarlos por un filtro de microfibra de vidrio de filtración al vacío, una técnica de separación de mezclas sólido-líquido.

Los resultados mostraron microplásticos en los fragmentos más pequeños de sedimentos en una concentración igual al limo y la materia orgánica. Los investigadores comentan que estos materiales plásticos pueden acumular oligoelementos convirtiéndolos en una potencial fuente de metales tóxicos para las redes tróficas o cadenas alimentarias. Según los expertos que han estado estudiando la zona durante casi dos décadas, desde el año 2006 la comunidad de la isla ha estado limpiando cada año sus playas, eliminando de tres a cinco toneladas de residuos, principalmente materiales plásticos, lo que muestra el grado de contaminación existente en la zona.

Los investigadores explican que, si bien existen fuentes de contaminación urbana, el 90% de los residuos plásticos se pueden atribuir a las granjas de ostras. De hecho, el estudio confirma que en las zonas donde se encontró una mayor acumulación de microplásticos y nanoplásticos, estaban presentes los equipos de acuicultura para la producción de ostras. Se concluye que la industria del cultivo de la ostra realiza un uso extensivo del polietileno de alta densidad, material que se utiliza, entre otras cosas, para la elaboración de envases plásticos desechables, siendo un material presente en redes, bolsas, bandejas, jaulas y vallas que se utilizan en el cultivo.

Polietileno de alta densidad

Parece ser que estudios previos han demostrado que estos materiales afectan de forma negativa a la salud y a la reproducción de las ostras, ya que interfieren en la absorción, la reproducción y el rendimiento en general. Sabiendo esto, lo lógico sería dejar de utilizar material que integrara polietileno de alta densidad. Pero como ocurre con otras investigaciones que se desarrollan en el mundo, los expertos canadienses consideran que es necesario investigar en profundidad para conocer cómo afecta el consumo de este alimento marino contaminado con microplásticos a los seres humanos.

Al problema de la contaminación por plásticos que afecta a la salud y a la reproducción de las ostras, hay que sumar otros como los provocados por el cambio climático, como es la acidificación de los océanos (descenso del pH en el agua) provocada por la absorción de dióxido de carbono antropogénico desde la atmósfera, o la mayor incidencia de enfermedades que se transmiten por los bivalvos. Los investigadores creen se debería aplicar la tolerancia cero a los plásticos presentes en los sistemas acuáticos, considerando que la industria de este sector debe reconocer que se trata de un grave problema que debe ser abordado con celeridad.

Posiblemente, si se realiza un estudio similar en otras zonas del mundo productoras de ostras, se puedan encontrar resultados similares a los obtenidos en esta investigación canadiense que podéis conocer a través de este artículo publicado en la página de la Universidad Simon Fraser. Y podréis conocer el estudio detallado a través de este otro artículo publicado en la revista científica Plos One.

Foto 1 | City Foodsters

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