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Los consumidores de bebidas con alcohol tienen un microbioma bucal diferente

Una investigación estadounidense concluye que las personas que consumen bebidas con alcohol, tienen un microbioma bucal diferente al de las personas que no las consumen, poseen un mayor número de bacterias dañinas asociadas a diversas enfermedades y problemas de salud. Una probable explicación es que las bebidas alcohólicas, favorecen un ambiente más hostil en la cavidad bucal para determinadas bacterias beneficiosas.

Consumo de alcohol y microbioma bucal

Según los resultados de una investigación realizada por expertos de la Universidad de Nueva York, los consumidores de bebidas con alcohol tienen un microbioma bucal diferente al de las personas que no consumen alcohol, poseen un mayor porcentaje de bacterias dañinas incluidos géneros como las Bacteroidales, las Actinomyces o las Neisseria. También se ha constatado que tienen menos bacterias Lactobacillales, responsables de producir ácido láctico y que se suelen utilizar comúnmente en la producción de productos lácteos fermentados y suplementos probióticos para prevenir diversas enfermedades.

Los investigadores comentan que la disbacteriosis del microbioma bucal (desequilibrio microbiano) puede dar lugar a diversas enfermedades bucales, incluido el cáncer de cabeza, cuello y tracto digestivo. Sin embargo, se sabe poco sobre los factores exógenos o externos que contribuyen a que se produzca este desequilibrio de las bacterias que habitan en la boca, hay que tener en cuenta que en la cavidad bucal humana habitan más de 700 especies bacterianas diferentes, así como una gran variedad de hongos, virus y arqueas, grupo de microorganismos unicelulares que aunque se parecen en tamaño y forma a las bacterias, pertenecen a un reino diferente.

En esta investigación se trabajó con los datos de 1.044 personas adultas con edades comprendidas entre los 55 y 87 años que estaban participando en dos ensayos sobre la prevención del cáncer, realizados por la Sociedad Americana del Cáncer y el Instituto Nacional del Cáncer. El grupo de participantes se dividió en tres, uno formado por 614 personas que era bebedores moderados de alcohol, uno con 160 personas que consumían alcohol en exceso, y un grupo de 270 personas que no bebían nada de alcohol.

Para definir lo que se considera moderado y excesivo, el equipo de investigadores utilizó la información que aparece en las Guías Alimentarias de Estados Unidos, donde se determina que un bebedor moderado consume dos bebidas por día de media en el caso de los hombres y una bebida alcohólica por día en el caso de las mujeres. En estas guías se concluye que, superando estos valores, la calificación que reciben las personas es de bebedores en exceso.

Los participantes del estudio proporcionaron muestras bucales y cumplimentaron cuestionarios para determinar el consumo medio de alcohol realizado el último año, frecuencia de consumo, tipos de bebidas alcohólicas consumidas, cantidad, etc. Posteriormente, los expertos analizaron las muestras bucales recogidas para poder determinar los tipos de bacterias y cantidades presentes en el microbioma bucal, con estos datos se configuraron gráficas de los tres grupos para determinar las bacterias y microorganismos que predominaban mayormente en cada grupo de participantes.

Bacterias que habitan en la boca

Al realizar las comparativas de los consumidores de alcohol moderados y en exceso, con el grupo que no consumía alcohol, como ya hemos comentado anteriormente, estos grupos tenían más bacterias dañinas y perjudiciales en las muestras recogidas. Los expertos destacan que algunas de estas bacterias que se consideran perjudiciales y que habitan en las zonas más altas de la cavidad bucal de los consumidores de alcohol, se han relacionado en estudios anteriores con algunos tipos de cáncer, enfermedades de las encías y enfermedades del corazón.

Los investigadores consideran que una posible explicación del desequilibrio de la comunidad bacteriana que habita en la boca se debe a la acidez de las bebidas alcohólicas, que favorecen un ambiente más hostil en la cavidad bucal para determinadas bacterias beneficiosas. También se apunta que los subproductos procedentes de la descomposición del alcohol sean los responsables, por ejemplo, los acetaldehídos, compuesto orgánico que es el principal factor para la aparición de la resaca alcohólica y que se considera 20 veces más tóxico que el alcohol y un posible elemento carcinógeno.

Los investigadores parecen echar un capote a la industria del vino porque comentan que los resultados no indican que el hecho de tomar un vasito de vino diario pueda ser factor de riesgo de sufrir problemas de salud, como un ataque cardíaco, cáncer o problemas en las encías, eso es que no conocen lo que dice el dietista-nutricionista Julio Basulto, así como otros nutricionistas actualizados y de opinión libre, sobre lo saludable que es esa copita de vino diaria. Lo cierto es que el estudio no es del todo esclarecedor, ya que los expertos comentan que no se pudo determinar si el tipo de alcohol consumido jugaba un papel importante en el equilibrio de la comunidad bacteriana de la boca, además, explican que existen estudios que determinan que el vino tiene la capacidad de inhibir el crecimiento de bacterias dañinas en la boca.

Según últimas investigaciones realizadas por el Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación (CIAL), el vino contiene diversas sustancias químicas, como los polifenoles, que actúan contra los microorganismos perjudiciales presentes en la boca, por lo que se considera que estas sustancias podrían contribuir en la lucha contra las enfermedades de las encías y dientes. La investigación realizada da pie a desarrollar nuevos estudios para determinar qué mecanismos son los que se activan para que el alcohol afecte al microbioma bucal, algo que podría ayudar a desarrollar métodos para reequilibrar los niveles de bacterias presentes en la boca de las personas que consumen bebidas alcohólicas y así reducir los riesgos antes citados para la salud.

Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la página de la Universidad de Nueva York, y en este otro publicado en la revista científica Microbiome.

Foto 2 | Sharon Mollerus

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