Es posible alimentar a 10.000 millones de personas para el año 2050

Según los resultados de una nueva investigación, es posible alimentar a 10.000 millones de personas para el año 2050, pero es necesario que a nivel global se apliquen una serie de medidas, como un cambio en la dieta, reducir la producción de ganado, mejorar la gestión y eficiencia de los cultivos, reducir el desperdicio alimentario, etc.

Medidas para garantizar la seguridad alimentaria en 2050

Según los resultados de un estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Oxford (Reino Unido), es posible alimentar a 10.000 millones de personas para el año 2050, recordemos que se calcula que para ese año, la población del planeta alcanzará los 9.000 millones de personas. Pero para alcanzar este objetivo, es necesario realizar cambios globales en la producción de alimentos, mejorando las prácticas y tecnologías agrícolas, el tipo de dieta que se debe seguir basada principalmente en los alimentos vegetales, reducir en un 50% la pérdida y desperdicios de alimentos, etc.

Se trata del primer estudio que cuantifica cómo la producción y consumo de alimentos, afecta a los límites planetarios que describen un espacio operativo seguro para la humanidad, más allá del cual los sistemas vitales de nuestro planeta podrían volverse inestables. Los investigadores comentan que adoptar las medidas propuestas en conjunto reduciría el riesgo de cruzar los límites ambientales globales en relación al cambio climático, el gasto de agua, el uso de tierras de cultivo, la contaminación de los ecosistemas a través del uso excesivo de los fertilizantes…

Las soluciones individuales no son suficientes como para evitar que se cruce el límite mencionado, pero si se adoptan todas las medidas, se puede garantizar la seguridad alimentaria de la población en el año 2050 y de un modo sostenible. De no poner en marcha un plan que comprenda las medidas propuestas por los expertos, el impacto ambiental del sistema alimentario podría incrementarse entre un 50% y un 90% para el año 2050, siendo las causas de ello el crecimiento poblacional y las dietas ricas en carne, grasas y azúcares. Cierto es que ya se han puesto en marcha algunas de las iniciativas mencionadas en algunos países del mundo, pero sin una coordinación global con una base sólida y rápida implementación, estas acciones tendrán poco impacto.

En este estudio los expertos desarrollaron un modelo del sistema alimentario global que comprende la producción y el consumo de alimentos en todo el mundo con la situación y evolución medioambiental. A partir de este modelo se analizaron diferentes opciones para poder mantener el sistema alimentario dentro de los límites ambientales, las conclusiones obtenidas han sido las siguientes:

No se puede reducir el avance del cambio climático lo suficiente, si no se llevan a cabo cambios significativos en la dieta, las personas a nivel mundial deben seguir una dieta basada principalmente en alimentos vegetales y reducir de forma significativa la producción y consumo de carne, para reducir también las emisiones de gases de efecto invernadero en un 50%. Recordemos que se han realizado muchos estudios en los que se recomienda la reducción del consumo de carne y productos lácteos en un 50%, para contar con más tierras cultivables y para reducir el consumo de agua, las emisiones de gases de efecto invernadero, la pérdida de biodiversidad, etc.

Reducir la producción de carne para mejorar la seguridad alimentaria

Así mismo, es necesario reducir el uso de fertilizantes, siendo las emisiones de gases de efecto invernadero uno de los principales problemas que generan. En este sentido, merece la pena retomar la lectura de este post en el que hablábamos sobre cómo se puede reducir el impacto ambiental de una barra de pan. Es necesario reducir el uso de las tierras de cultivo y el agua que se emplea para el riego en una cuarta parte, recordemos que la cantidad de tierra que se dedica a los cultivos para satisfacer la creciente demanda de carne y productos lácteos es insostenible para la biomasa, algo de lo que hablábamos aquí. Los expertos comentan que actualmente ya se han superado algunos límites ambientales, pero si se mantiene la situación actual, algunos límites se superarán hasta en dos veces.

Es necesario mejorar las prácticas agrícolas y las tecnologías que se utilizan a fin de limitar la presión ejercida en las tierras de cultivo, se debe aumentar el rendimiento agrícola con la misma cantidad de tierra, mejorar el equilibrio entre el uso y recuperación de fertilizantes, utilizar y gestionar el agua de un modo más eficiente, todo ello podría reducir en un 50% el impacto ambiental. Es prioritario reducir un 50% la pérdida y desperdicio de alimentos para mantener el sistema alimentario dentro de los límites ambientales, con ello se reduciría el impacto ambiental hasta un 16%.

Los investigadores comentan que para las mejoras tecnológicas en la producción de alimentos, se requiere mayor investigación e infraestructura, recordemos que según algunos expertos, en la actualidad la capacidad para producir alimentos está estancada, ya que algunos cultivos básicos se encuentran en sus límites fisiológicos de crecimiento. Es decir, el rendimiento de grano por hectárea no puede seguir incrementándose de forma indefinida, existe un tope, por lo que la investigación tendría un papel determinante para superar este problema.

Sobre la dieta, es necesario un cambio del modelo alimentario para que se base principalmente en alimentos vegetales, y no se habla sólo de los consumidores, también de Gobiernos, organizaciones, empresas, etc., ya que todos forman parte de un engranaje en el que cada parte debe realizar los cambios necesarios para poder alcanzar un modelo alimentario más sostenible y que permita garantizar la seguridad alimentaria para el año 2050. Quizá es posible alcanzar esta meta, pero existen muchas barreras que lo impiden, como los intereses económicos o la falta de concienciación de la población a nivel mundial.

La investigación es extensa, podéis conocer todos los detalles del trabajo a través de este artículo publicado en la página web de Stockholm Resilience Center (Centro de Resiliencia de Estocolmo) y en este otro publicado en la revista científica Nature.

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