Las avellanas de Turquía y la explotación que sufren los refugiados sirios

Los refugiados sirios que se encuentran en Turquía están siendo sometidos a una explotación que se acerca al trabajo esclavo en los campos de avellanas. Según el artículo de The New York Times, no se ha encontrado una sola explotación turca de avellanas que cumpla con los principios y derechos fundamentales del trabajo.

Trabajo esclavo en los campos de avellanos

Turquía produce hasta el 70% de las avellanas del mundo, y prácticamente toda la producción se destina a abastecer a grandes compañías como Nestlé o Ferrero entre otras. Un gran número de refugiados sirios se encuentran en Turquía porque han huido de los conflictos de su país, y para poder alimentar a sus familias, trabajan en las plantaciones de avellanos. Pues bien, dadas sus particulares condiciones y situación en el país, están siendo explotados y forman parte de un sistema productivo con múltiples irregularidades.

Se podría decir que están sufriendo el esclavismo del siglo XXI como lo han sufrido los tailandeses con el marisco y con las granjas avícolas, algunos habitantes de países africanos en la producción de cacao, o de países asiáticos con la producción de aceite de palma, entre otros. A través de un reportaje publicado en The New York Times por el periodista David Segal, se da a conocer la relación entre las avellanas de Turquía y la explotación que sufren los refugiados sirios, en él se denuncia que estos refugiados están siendo sometidos a un trabajo esclavo en las más de 600.000 explotaciones de avellaneros repartidos por toda Turquía.

Las granjas productoras pagan un salario mínimo a los trabajadores sirios, salario insuficiente para poder mantener a una familia, pero a esto hay que añadir que existe una red de intermediarios no regulados conocidos como daybasi, que se encargan de colocar a los refugiados en las plantaciones a cambio de un porcentaje del salario que, como mínimo, es de un 10%. Los refugiados deben trabajar por debajo del salario mínimo y sin apenas derechos, según el artículo, se han de conformar con lo que se les paga y no tienen más remedio que aceptar las condiciones para poder sacar adelante a sus familias.

Otra práctica que parece habitual es que los intermediarios concedan préstamos a estos trabajadores, de este modo se garantizan tener durante mucho tiempo una servidumbre. En otros casos, los peores, los intermediarios desaparecen llevándose el salario, aunque los más descarados simplemente se lo quedan sin más y ni siquiera se van, siendo un robo descarado. Como no existen los contratos laborales formales, no se puede denunciar ningún tipo de violación, todo un conjunto que hace que se pueda estar hablando de trabajo esclavo.

En los últimos seis años no se ha encontrado una sola explotación turca de avellanas que cumpla con los principios y derechos fundamentales del trabajo decente, así lo comenta Richa Mittal, directora de innovación e investigación de la Fair Labor Association (Asociación de Trabajo Justo), organización sin ánimo de lucro en la que participan universidades, organizaciones de la sociedad civil y empresas, cuya labor es supervisar las condiciones laborales de empresas de todo el mundo en base a los estándares de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Trabajo esclavo en Turquía

Richa Mittal comenta que a las empresas agrícolas de Turquía no se les aplican algunos puntos de la legislación laboral por contar con menos de 50 trabajadores, por lo que la vigilancia se realiza en las empresas y compañías confiteras, quienes en realidad pueden desempeñar un papel importante para acabar con este tipo de prácticas de trabajo esclavo. Hay que decir que dada la precaria situación de los trabajadores sirios y que no ganan lo suficiente para mantener a la familia, los hijos trabajan en los campos en condiciones tan o más precarias que los padres. Nada menos que más de 300.000 niños trabajan en Turquía y aproximadamente la mitad, en el sector de la agricultura.

El artículo de The New York Times apunta que Nestlé es la única compañía que aborda el trabajo infantil en Turquía y en su página web habla de sus desafíos y soluciones para lograr condiciones de vida y trabajo seguras y saludables para los trabajadores, identificar los riesgos del trabajo infantil y el trabajo forzoso en la cadena de suministro de la avellana, etc., pero la mayoría de las compañías que se nutren de las avellanas turcas mantienen en secreto los programas que llevan a cabo para abordar las condiciones de trabajo, lo que hace que sea imposible valorar y juzgar sus actividades.

Lo cierto es que es complicado poder conocer cifras precisas sin saber qué explotaciones son las que abastecen a la industria confitera, no se puede determinar el grado de implicación de empresas como Ferrero, Godiva o Nestlé (entre otras) en esta industria que cuenta con unas enormes deficiencias humanitarias. Según el documento, Ferrero es uno de los mayores compradores de avellanas de Turquía y se niega a nombrar una sola granja que la abastezca de este fruto seco, pero dado que es el mayor comprador, es fácil deducir que la mayoría de explotaciones tienen relaciones comerciales, lo que pone a esta compañía en el centro de atención del problema.

El año pasado Ferrero elogiaba a la avellana turca, asegurando que daba prioridad a la calidad en lugar de al precio en la avellana, pero vista la situación expuesta, se podría deducir que en realidad se prioriza el precio, ya que utilizar trabajo esclavo permite abaratar el producto. Sin embargo, Ferrero comentó que la compañía estaba lista para pagar altos precios por avellanas de calidad como la producida en Turquía. En definitiva, parece que es necesaria mayor transparencia y que todas las compañías den a conocer toda la información relacionada con la procedencia de las compras que realizan, de lo contrario, favorecerán que el trabajo esclavo de la avellana continúe.

Os recomendamos acceder al artículo publicado en el periódico digital The New York Times para conocer más detalles de la situación. Por cierto, los consumidores podríamos ejercer presión en este problema, quizá sería buena idea crear una organización similar a la Mesa Redonda del Aceite de Palma Sostenible, pero centrada en las avellanas.

Foto 1 | Marco Verch
Foto 2 | Andreas Rockstein

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