Problemas asociados a la ganadería industrial y al consumo excesivo de carne

Existen varios problemas asociados a la ganadería industrial y al consumo excesivo de carne, su contribución al cambio climático, al empeoramiento de la salud, a la pérdida de biodiversidad, el despilfarro de recursos como la tierra, la energía y el agua, etc. Greenpeace expone de forma resumida estos problemas para crear conciencia sobre porqué es necesario reducir el consumo de carne.

Consecuencias de la ganadería intensiva

Ayer os hablábamos de un estudio realizado por la consultora AT Kearney en el que se concluye que, en un futuro, la mayor parte de la producción de carne no procederá de la ganadería tradicional, sino de la carne de cultivo celular y de las nuevas alternativas vegetales cuyas características organolépticas se parecen a las de la carne. Aunque se sabe desde hace tiempo que la carne tradicional es un alimento muy poco eficiente para alimentar a la humanidad, no está de más recordar las razones para concienciarse sobre por qué es necesario cambiar la dieta reduciendo el consumo de alimentos derivados de los animales.

Greenpeace ha elaborado un resumen de los problemas asociados a la ganadería industrial y al consumo excesivo de carne, alimento cuya producción contribuye significativamente al calentamiento del planeta, ya que la ganadería es responsable del 14’5% de las emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero) a nivel mundial, siendo los más peligrosos el metano y el óxido nitroso, gases que son más potentes que el CO2. Se realizan emisiones directas (de los animales) e indirectas, derivadas del actual modelo de agricultura y su dependencia del petróleo, los productos fitosanitarios, los fertilizantes químicos, etc.

La ganadería industrial causa el 80% de la deforestación, monopoliza la tierra cultivable, el 26% de la tierra cultivable del mundo se utiliza para el pastoreo del ganado, un 33% se destina al cultivo de productos para la alimentación animal y otro pequeño porcentaje para cuestiones relacionadas. Greenpeace comenta que casi el 75% de la superficie agrícola se destina a la ganadería, ya sea de forma directa o indirecta, esto provoca la imposibilidad de frenar la pérdida de biodiversidad, sobre todo sabiendo que la demanda de carne seguirá creciendo y que cada año se incrementa su producción (al menos de momento). No es extraño que desde diversas organizaciones se abogue por reducir la producción de carne y productos lácteos a la mitad para el año 2050.

Limitar la producción de ganano

Como aclaración y para quienes abogan por un sistema productivo basado en el pastoreo del ganado, merece la pena recordar que One Green Planet explicaba que una vaca alimentada con el sistema industrial necesita unos 12.000 metros cuadrados de terreno, mientras que una vaca alimentada exclusivamente con pasto necesitará disponer de unos 36.000 metros cuadrados de terreno. Una vaca de pastoreo utiliza un 35% más de agua que la vaca producida por el sistema industrial, los resultados muestran que el ganado alimentado con grano es más eficiente si se valoran los recursos que se gastan. Pero también hay que tener en cuenta que la producción de grano acapara una gran cantidad de tierra y gasta mucha agua, por lo que la eficiencia es inexistente.

La agricultura industrial destruye la biodiversidad, incluida la biodiversidad alimentaria, esto es algo que ya se sabe desde hace varios años, dependemos sólo de unos pocos alimentos a pesar de la gran variedad alimentaria con la que contamos en el planeta. Son alimentos que, como no son rentables económicamente, se dejan a un lado en favor de otros que sí cuentan con las características que interesan a la industria. Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) de unas 30.000 especies de plantas comestibles, apenas se utiliza un centenar en la alimentación humana, el resto se han convertido en cultivos “marginados e infrautilizados”, “secundarios” o “huérfanos”. Por otro lado, no se debe olvidar que sólo la producción de soja, arroz, maíz, aceite de palma y trigo, generan más emisiones de gases de efecto invernadero que los producidos de forma individual por casi cualquier país del mundo, son alimentos básicos que provocan un enorme impacto ambiental.

Como decíamos, la ganadería y todo lo que le rodea consume una gran cantidad de agua, calculándose en un 70% del agua dulce, pero, además, envenena el agua de forma directa o indirecta a través de antibióticos, los purines, los productos fitosanitarios, etc., estas sustancias pueden llegar a los acuíferos y causar estragos en depósitos de agua dulce y en los océanos. Para producir un kilo de carne es necesario utilizar unos 15.000 litros de agua, en cambio, para producir un kilo de arroz se necesitan 2.500 litros de agua, 1.300 litros para producir un kilo de trigo, 131 litros para producir un kilo de zanahorias, etc., las diferencias son significativas y muestran que es necesario reducir el consumo de carne.

Sustituir la carne por alimentos vegetales

La ganadería favorece un sistema de producción de grandes capitales, la eficiencia y eficacia de la producción de carne, así como otros alimentos derivados de los animales, concentra el mercado en unas pocas manos. Por tanto, un cambio en el modelo de producir y consumir, es un modo de cambiar las reglas actuales en favor de la soberanía alimentaria. Sólo unas pocas compañías alimentarias son propietarias de cientos de empresas que producen todo tipo de productos alimentarios, el control corporativo es enorme.

Greenpeace apunta que el modelo de ganadería industrial se basa en alimentar y sacrificar a los animales lo más rápidamente posible y bajo cualquier condición para maximizar los beneficios. Esto se traduce en explotaciones superpobladas donde el bienestar animal es algo imposible, a esto hay que sumar que la masificación favorece la aparición de enfermedades, la resistencia de las bacterias a los antibióticos, etc.

Por último, recordar que la OMS (Organización Mundial de la Salud) clasificó la carne roja fresca en categoría del Grupo 2ª, es decir, como probable carcinógeno para el ser humano, y la carne procesada está clasificada en el Grupo 1, como producto carcinógeno, por lo que es necesario reducir de forma significativa el consumo de carne. Greenpeace considera que ante esta situación, la única solución posible es la reducción drástica de la producción y consumo de carne y alimentos derivados de los animales en favor del consumo de alimentos vegetales y locales, pero teniendo en cuenta también la diversidad.

La organización ecologista propone en su artículo sumarnos a la firma de una petición dirigida a las administraciones de nuestro país para que dejen de apoyar la ganadería industrial, hay muchas razones de peso para ello.

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